El resultado de las recientes elecciones en Israel en las cuáles el partido de Binyamín Netanyahu, Likud, empató el número de escaños a la alianza de partidos de centro que buscaban destronar hombre que ha sido primer ministro de Israel por una década, la coalición “Azul y Blanco”, liderada por el ex general Benny Ganz (ambos con 35 asientos en el parlamento), garantizan que Bibi (como lo llaman sus simpatizantes a Netanyahu) sea el segundo jefe de gobierno que más tiempo ha estado en el poder desde de David Ben Gurión, quien lideró la fundación de Israel.

A pesar del empate en escaños los partidos ortodoxos y nacionalistas (derecha) con los que Bibi gobernó antes de la elección del 8 de abril, obtuvieron más escaños que los partidos de izquierda (pacifistas) conformados por organizaciones políticas liberales, de árabes israelíes, etc.
Durante su primer gobierno, de 1996 a 1999, Bibi intentó ocultar su ideología de extrema derecha (búsqueda de entorpecer los acuerdos de paz con los palestinos firmados en 1993) culpando, con toda razón a Yasser Arafat de incitar a la violencia y al terrorismo, pero desde que retornó al poder en 2009, hasta hoy, Bibi salió gradualmente “del closet” de su supuesta disposición a aceptar el surgimiento de un estado palestino coexistiendo en paz junto al estado de Israel al negarse a negociar con el gobierno moderado de la Autonomía Palestina en Cisjordania; al dar luz verde a la construcción de centenares vecindarios judíos en ese territorio en disputa con los palestinos y con Trump, apadrinándolo en todos sus caprichos como pedir a gobiernos del mundo trasladar sus embajadas de Tel Aviv a Jerusalén sin un previo acuerdo de paz que determiné el status de la ciudad,y otras políticas nacionalistas.

Investigado por la fiscalía por corrupción, Bibi amenaza con crear una ley de impunidad para el primer ministro, lideró la campaña más sucia en la historia de Israel y, prácticamente, ha declarado a los árabes israelíes (20% de la población) como israelíes no leales al estado para utilizar el miedo, exitosamente, en función de ganar votos de partidos de extrema derecha.
Bibi es peligroso para Israel, más por populista que por su ideología.
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