El gobierno de Theresa May superó un voto de censura en el comité interno del partido Conservador propuesto por diputados opuestos al plan que la primera ministra británica negoció con la Unión Europea (UE) para que Reino Unido se “divorcie” de ese bloque a través de un acuerdo negociado que fue aceptado por los jefes de gobierno de todos sus países para concretar el Brexit (¨salida británica¨, en inglés), cuyo plazo vence en marzo.

May se salvó con 200 votos a favor y 117 en contra, pero su gobierno está atrapado en la maraña de que la mayoría parlamentaria no acepta su acuerdo con la UE y a la vez, los dirigentes europeos han manifestado que no aceptarán ningún cambió en el documento que firmaron con ella. Incluso algunos partidarios conservadores de un “Brexit duro” (retiro sin de la UE sin acuerdo), no censuraron a May.
La cuestión irlandesa es la más álgida del acuerdo: Reino Unido está conformado por cuatro entidades. Tres se encuentran en la isla de Britania: Inglaterra, Escocia y Gales, y una se encuentra en la isla de Irlanda que, hasta 1922 fue en su totalidad parte de RU, pero ese año, los 26 condados del sur obtuvieron independencia fundando la República de Irlanda o Éire, un país que seguirá perteneciendo a la UE.

En cambio, Irlanda del Norte, conformada solo por 6 condados de la misma isla, es parte de RU, y por ende está sujeta al Brexit.

May negoció con la UE que la frontera del norte y sur de Irlanda quede exonerada de barreras físicas y comerciales por un periodo provisional (eventualmente hasta 2020), para evitar que se impida la libre circulación de personas y bienes, luego de una historia tormentosa que tomó décadas para pacificar a Irlanda del Norte.
No hubo Mayxit, pero el Brexit sigue en un limbo.

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