Ni con agua bendita tendrá redención la pareja presidencial que controla a Nicaragua, Ortega-Murillo, quienes se autoproclaman «cristianos, socialistas y solidarios», mientras son los responsables políticos de más de 440 muertes desde que comenzó la ola de protestas contra su gobierno en abril de este año.

La gran mayoría de las víctimas han sido asesinadas por fuerzas del régimen y es claro que la brutal represión contra las manifestaciones pacíficas, reproducen el mismo libreto – muy probablemente diseñado en La Habana – de la estrategia aplicada por el chavismo en Venezuela el año pasado cuando Maduro resistió los embates del masivo levantamiento popular contra su dictadura.

Como hizo Maduro, para ganar tiempo, Ortega invitó a un falso dialogo con mediación de fuerzas de oposición, internacionales y en el caso nicaragüense, de su poderosa Iglesia, e incluso el dictadorzuelo planteó la posibilidad de adelantar las elecciones hasta que las matanzas se fueron convirtiendo en “dígitos” de los que, lamentablemente, los gobiernos latinoamericanos se malacostumbran.
Del web DW Español – 26 jul. 2018
El ex líder de la Revolución Sandinista de 1979 que derrocó a la tiranía dinástica de los Somoza lleva 10 años dirigiendo una neo-dictadura, junto a su esposa, Rosario Murillo, varios de sus hijos y otros parientes en un régimen que sus mismos ex camaradas sandinistas comparan con el ellos depusieron.
https://www.youtube.com/watch?v=YFaAJEF_vkw
De la web Nicaragua Libre Noticias y Entretenimiento- 15 ago. 2018
Ortega declaró hace días que “Ni Dios me saca de la presidencia”, pero en su caso debería repensarlo porque en enero de 1918 su antecesor ideológico, Nikolay (¡no Nicolás!) Yemelianov, comisario de instrucción de la revolución soviética, quien durante años proclamó que se podía conciliar al marxismo con el cristianismo, organizó un «Juicio del Estado Soviético contra Dios, por genocidio» y lo condenó a morir.

Se dispararon 5 ráfagas de ametralladora, simbólicamente.
Cuando Dios no importó más, comenzaron las masacres de sacerdotes, opositores políticos y cualquiera que incomodara el régimen y siguió el gran terror comunista.
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