En 2005 la ONU designó el 27 de enero como “Día Internacional de Conmemoración de las Víctimas del Holocausto” pero el pueblo judío y el Estado de Israel conmemoran la “Shoá” (Holocausto, en hebreo) el 27 de Nisán, el séptimo mes del antiguo calendario hebreo, cuyo aniversario de este año fue el 12 de abril.
En la anual visita al campo de concentración de Auschwitz, a diferencia de años anteriores, los visitantes judíos se sintieron más que consternados, agraviados, puesto que en enero el gobierno polaco aprobó una ley que prohíbe utilizar la expresión “campos de concentración polacos” y otorga prisión de hasta tres años a quienes “acusen, falsamente, los crímenes de la Alemania nazi a Polonia”.
Polonia fue la nación que más sufrió los estragos de la invasión de los ejércitos de Hitler y de Stalin que se repartieron su territorio y cuyos soldados asesinaron a su élite política, intelectual y académica (la masacre de Katyn ejecutada por los soviéticos que, propagandísticamente, culparon a los nazis de haberla realizado).

PELÍCULA KATYN DEL GRAN DIRECTOR POLACO ANDREZJ WAJDA (1926-2016)ESTRENADA EL AÑO EN 2002
Académicos expertos en el Holocausto de diferentes nacionalidades, incluyendo polacos, reconocen que, sin el antisemitismo atávico en Polonia producto de un catolicismo fanático que históricamente predicó mucho odio hacia los judíos (cuando estaba dividido entre otros reinos desde 1795 hasta su unificación en 1918), los nazis no hubiesen contado con la colaboración y la indiferencia necesaria para organizar la sistemática masacre de unos 3 millones de judíos en su territorio.
Gobiernos anteriores al actual reconocieron la responsabilidad parcial de su país en el Holocausto, pero resaltaron más el rol de personas y familias que arriesgaron sus vidas salvando judíos como la trabajadora social católica Irena Sendler o la pareja Jan y Antonina Zabinsky que junto a amigos de la Resistencia polaca rescataron a judíos del Gueto de Varsovia. (Ver la película “The Zookeper’s Wife” o en español, “La casa de la esperanza”).
Sin embargo, el profesor Jan Grabowski expresa en su artículo “El Holocausto en Polonia” (El País, 23-0318): “…las autoridades polacas inauguraron un ‘Museo de los Polacos Justos’ en Markowa, dedicado a la memoria de la familia Ulma, que acogió a varios judíos. El museo cuenta bien la historia, pero no menciona que, mientras los Ulma escondían a los judíos, sus vecinos de Markowa y otros pueblos vecinos registraban áticos, sótanos, cobertizos y establos en busca de los judíos ocultos. Cuando los encontraban, los golpeaban, los robaban, los violaban y los entregaban a los alemanes para ser ejecutados. Esta historia, de acuerdo con la ‘política historiográfica’ polaca, no se cuenta”.

Cuando Polonia logre elegir a un gobierno que retome la cordura deberá hacer las paces con el lado oscuro de su historia como deben hacerlo varios como el de Turquía por el genocidio armenio (1916-18); los de Rusia y China por millones de sus ciudadanos asesinados por razones ideológicas; etc., aprendiendo del ejemplo de Alemania que asumió sus crímenes del pasado.
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