Era previsible que en cualquier momento ocurriría algún tipo de revuelta palestina como la llamada “Gran Marcha del Retorno”, convocada por el grupo radical islamista Hamas, que dejo más de una decena de víctimas mortales y mil heridos entre los palestinos que se acercaron a varios pasos fronterizos entre la Franja de Gaza e Israel.

Era cuestión de tiempo porque desde hace 4 años se mantienen estancadas las negociaciones entre israelíes y palestinos, y porque el Primer Ministro (PM) de Israel Binyamín Netanyahu tenía el “wishful thinking” (una “ilusa ilusión”) de que pasado los años de presión de la administración Obama para detener su política de construcción de asentamientos en Cisjordania, ahora con el apoyo incondicional de Trump, los palestinos se resignarían a un acuerdo impuesto por su gobierno y el de los asesores halcones del presidente estadounidense.

Netanyahu y Trump se equivocan porque la vía del dialogo tedioso e intrincado ya es el sendero trazado por los líderes israelíes y estadounidenses anteriores a ambos desde que Bill Clinton apoyó los Acuerdos de Oslo de 1993 Bill Clinton cuando el PM Izhak Rabin y el dirigente de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), Yasser Arafat reconocieron los derechos de ambos pueblos a coexistir pacíficamente estableciendo un plan gradual de una autonomía palestina.

EL MOMENTO PREVIO A LA FIRMA DE LOS ACUERDOS OSLO CON EL PRESIDENTE CLINTON, MUBARAK, EL REY DE JORDANIA HUSSEIN E IZHAK RABIN ORDENÁNDOSE LA CORBATA ANTE LA MIRADA DE ARAFAT.
Luego Clinton obligó a Netanyahu, en 1998 durante su primer mandato a entregar un 18% de Cisjordania al gobierno palestino en el Acuerdo de Wye Plantation, y junto al PM Ehud Barak, en el 2000, ambos fracasaron en convencer a Arafat sobre un proyecto final de estado palestino descartado por el difunto líder palestino. Incluso Ariel Sharon (2001-2006), – quien sacó unilateralmente al ejército y a colonos israelíes de toda la Franja de Gaza en 2005 – no descartó negociar con algún sustituto de Arafat y su sucesor, Ehud Olmert, en su breve gobierno de un año avanzo un proceso de paz con Mahmud Abbas con Bush hijo como mediador.
Desde que Netanyahu retomó el poder en 2009, logrando que su partido, el Likud, obtuviese una pequeña mayoría de escaños por encima de otros partidos políticos en las elecciones de 2013 y 2015, ha formado coaliciones nacionalistas que con el incremento del islamismo radical en el Medio Oriente y las guerras cercanas a Israel le ha permitido esquivar por años la esencia política del conflicto con los palestinos.

ELECCIONES DEL 2015 EN ISRAEL: SI BIEN EL LIKUD OBTUVO 30 DE LOS 120 ESCAÑOS DEL PARLAMENTO, EL PARTIDO LABORISTA (UNIÓN SIONISTA) OBTUVO 24 Y UNA LISTA ÁRABE SE CONVIRTIÓ EN EL TERCER PARTIDO MÁS VOTADO EN EL PAÍS. GRACIA A LOS OFRECIMIENTOS MINISTERIALES Y DE PRESUPUESTOS (NO SOLO IDEOLÓGICOS) QUE NETANYAHU HIZO A PARTIDOS RELIGIOSOS Y NACIONALISTAS, SINO, INCLUSO DE CENTRO, LOGRÓ FORMAR COALICIÓN.
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Si los eventos trágicos recientes son responsabilidad de quienes lo iniciaron llevando a gente desarmada, incluyendo a niños, hacia puestos militares; o excesos del ejército israelí, o una combinación de ambos hechos (lo más probable), es un debate que continuará ocurriendo con frecuencia.
Desde 2009 Netanyahu ha esquivado la esencia política del conflicto y por cada cierto tiempo continuarán las confrontaciones sangrientas hasta que él pierda las elecciones con un gobierno moderado en Israel o Trump deje de apoyarlo incondicionalmente; hasta que los palestinos moderados no renueven en Cisjordania a su dirigencia moderada longeva y corrupta, y hasta que los gobiernos árabes no ayuden al pueblo palestino en Gaza a librarse del oprobio de Hamas. Solo entonces, una dolorosa negociación podría conducir a la única y compleja fórmula de una nunca definitiva, pero sí, “equitativamente injusta”, resolución del conflicto: Dos estados para dos pueblos.
EL ESCRITOR AMOS OZ EXPLICA LA NECESIDAD DE LA SOLUCIÓN DE DOS ESTADOS EN UNA DISCURSO A LA ORGANIZACIÓN JUDÍA DE ESTADOS UNIDOS: J-STREET (MARZO 2012).
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