Nos estamos acostumbrando a convivir con el terrorismo islamista porque la mayoría de los gobiernos occidentales no toman medidas severas para impedirlo. Se critica a países como Hungría, Polonia, etc., por sus políticas restrictivas de inmigración y refugiados; no se controla o expulsa a islamistas radicales que “secuestran” a musulmanes que habitan en barrios en los que ellos imponen la “shaaría” (preceptos coránicos) y no cumplen las leyes nacionales.
a barrios en los que ellos imponen la “shaaría” (ley coránica) y no cumplen la del país en donde viven.
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Hay que defender la democracia y el multiculturalismo, pero eso no significa que seamos ingenuos como bien lo expresó el escritor español Arturo Pérez-Reverte en un artículo de agosto de 2014 titulado “Es la guerra santa, idiota” en donde expresó: “…Europa, donde nació la libertad, es vieja, demagoga y cobarde; mientras que el Islam radical (Yihad) es joven, valiente, y tiene hambre, desesperación, y los cojones…Trabajan con su dios en una mano y el terror en la otra, para su propia clientela….Creer que eso se soluciona negociando o mirando a otra parte, es mucho más que una inmensa gilipollez. Es un suicidio…”
RECOMIENDO LEER CUATRO ARTÍCULOS DE PÉREZ-REVERTE SOBRE DESAFÍO DEL ISLAMISMO RADICAL
Por otra parte, además de asumir la guerra contra la Yihad hay que demostrar que ésta no va dirigida contra los musulmanes moderados, la gran mayoría de quienes profesan el Islam, y por eso, reitero, tras los ataques en Cataluña, lo que escribí en mi artículo “Quizá” del 23/07/16: “Quizá si en occidente saliéramos a manifestar que «Todos somos Bagdad (Irak)», «Todos somos Estambul (Turquía)», «Todos somos Dacca (Bangladesh)…y nos identificáramos masivamente con las víctimas de (esos) atentados…lograríamos que las poblaciones del mundo musulmán sintieran que valoramos, igualmente, la vida de todos los seres humanos sin distinciones religiosas, étnicas ni geográficas”.

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