Cómo si no fueran suficientes los referéndums (vinculantes o simbólicos) realizados este año: Holanda y su NO a la incorporación de Ucrania a la Comunidad Europea; Gran Bretaña con el Brexit; Hungría en contra de recibir refugiados y Colombia con el plan de paz Santos-FARC, el domingo pasado la mayoría de los italianos manifestaron en las urnas que no quieren cambiar el sistema político, tal como lo planteó su primer ministro Matteo Renzi, cuestión que, como prometió, en caso de perder, renunció acrecentando la inestabilidad política y económica del país.

De «Mafalda» del genial Quino.
Renzi propuso reformar varios artículos de la constitución italiana que no ha tenido cambios desde 1947, para, entre otras cosas, modificar el sistema bicameral reduciendo el número de miembros del senado y acabando su poder de veto lo cual hubiese permitido, solo, a la cámara de diputados debatir y decidir las leyes.

La complejidad del sistema político ha causado que Italia haya tenido en 70 años, desde el fin de la II Guerra Mundial, 63 gobiernos porque casi ninguno pudo culminar su mandato por crisis que obligaron a adelantar las elecciones. De haberse aprobado el referéndum los gobiernos hubiesen podido centralizar más poder.

En el artículo “La Grandeza de Italia”; escrito en la última década del siglo 20, el filósofo hispano-venezolano Juan Nuño expresó: “…En la sabia y milenaria Italia, la de los emperadores y condottieri (mercenarios). La de los Papas y los mecenas, el gobierno hace que gobierna: emite leyes que nadie cumple; establece impuestos que nadie paga y le presta más atención al campeonato de futbol que al loco de Gadafi: santa sabiduría italiana. Han colocado al gobierno en su lugar: a la altura de la Cicciolina (actriz pornográfica que fue electa al parlamento en 1987)…”.

Los italianos han ratificado lo que Nuño expresa, pero esta vez, en la Europa del 2017, colocar al gobierno a la altura de la Cicciolina puede generar que un partido populista de extrema derecha o izquierda los obligue a tomar más en serio las consecuencias de la política.

La Cicciolina
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