CONVENCIONES NO CONVENCIONALES
Ariel Segal
Generalmente, el espectáculo que realizan los partidos políticos de Estados Unidos, las convenciones, son eventos en los cuales los candidatos electos en las primarias y ratificados previamente a sus discursos, se ubican en el centro para que, tanto republicanos como demócratas comiencen a captar el voto de los independientes que deciden las elecciones del país. Esta vez, en ambos casos, no ocurrió de esta manera.

Donald Trump, en un partido cuyos ex presidentes y ex candidatos presidenciales (Bush padre e hijo, McCain y Romney, respectivamente) no lo apoyan, dedicó la convención a los muchos defectos y actos dudosos de posible corrupción de Hilary Clinton – quien ciertamente tiene severos problemas de credibilidad – pero su discurso, además de narcisista, populista y mesiánico, fue menos centrista que durante las primarias cuando enfrentó a un precandidato de ideología ultra derechista, Ted Cruz. ¿Por qué esa defensa al lobby de las armas, los elogios a los evangelistas, y por qué no suavizó su tono hacia los hispanos e inmigrantes ilegales, un caudal de votación enorme? Quizá sus asesores pensaron que lo que gusta de Trump es que dice lo que piensa y no debía cambiar el mensaje o quizá, Trump, siendo Trump, no hizo caso a sus asesores.

Hilary no tuvo más remedio que presentarse más de izquierda que lo que realmente es por la popularidad de su rival de las primarias Bernie Sanders y el escándalo que estalló el día de la convención cuando se supo que el partido demócrata ya había organizado todo para que ella sí o sí, fuese ella la candidata. Por eso su discurso fue aun mas progresista que el de Obama en sus anteriores campañas, cuestión que quizá minimice la posible alta abstención pueda haber de los sandersistas en noviembre, pero que la puede alienar algo de los independientes.
La convención demócrata fue más inclusiva, compasiva y se basó en los problemas del estadounidense, mientas que la republicana fue dedicada a un supuesto salvador. Ahora cuando comienza la batalla, para muchos, para elegir al “mal menor”, esperemos que impere la opción más cuerda y no la que recuerda a populistas de la historia que aun destruyen a sus países.
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