A la espera de cómo marcha la reconstrucción tras las inundaciones en el norte de Perú, tras el terremoto que sacudió al país en 2007, escribí un artículo titulado “De terremotos y liderazgos”.
Una revisión de parte de ese texto puede ser de interés:
recuerdo que después del terremoto de 2007, escribí para el diario Peru21 un artículo titulado “De terremotos y liderazgos”. Una revisión de ese texto nos enseña sobre la previsión:
«Cuando ocurre una tragedia en cualquier parte del mundo, la gente puede perdonar los errores de sus dirigentes, pero no su insensibilidad. Por supuesto, con el paso del tiempo, cuando se demuestra gran eficiencia para reparar o reconstruir los estragos espirituales o materiales de una calamidad, los sobrevivientes o sus descendientes elevan a un pedestal a quien transformó la devastación en regeneración.

Eso ocurrió con uno de los políticos más controversiales de la historia de Portugal conocido como el Marqués de Pombal, quien fungió como Primer Ministro del Rey José I cuando Lisboa fue sacudida por un terremoto que casi la devastó totalmente y causó la muerte de más de 60 mil personas en 1755.

Retrato del Marqués de Pombal pintado por Louis-Michel van Loo.
El Marqués fue el primer dirigente que ordenó a ejecutar lo que hoy asumimos como lo lógico luego de una tragedia de la Naturaleza: enviar equipos para rescatar a sobrevivientes, apagar incendios y recuperar a los millares de cadáveres para enterrarlos inmediatamente, e incluso, ordenó a cargarlos en barcazas para alejarlos de tierra firme y evitar epidemias. Eso le valió una gran animosidad de la Iglesia a la cual ignoró. Eso le valió una gran animosidad de la Iglesia a la cual ignoró.
También movilizó al ejército para impedir saqueos e impedir que los hombres sanos huyeran de Lisboa y obligarlos a despejar las ruinas. Otra medida que fue cuestionada por algunos de sus contemporáneos fue la orden de ejecutar a los saqueadores en público para escarmentarlos y asustar a quien se atreviese a imitarlos.

Grabado que muestra el tsunami que se originó tras el terremoto de Lisboa de 1755.
Poco después el Marqués y el Rey contrataron a arquitectos e ingenieros y en menos de un año, Lisboa estaba libre de escombros y se construyeron las primeras edificaciones que en lo posible fuesen resistentes a futuros sismos. Cuestionado por construir amplias avenidas y calles anchas en la ciudad, el Marqués de Pombal contestó con gran visión futurista: “Un día serán pequeñas”.

Vista actual de la Avenida da Liberdade en Lisboa, construido por primera vez bajo las órdenes del Marqués de Pombal.
El hombre que hubiese pasado a la historia lusitana como un político maquiavélico y tirano, fue considerado por muchos como un héroe nacional por su liderazgo durante la crisis y reconstrucción tras el terremoto de Lisboa, e incluso, algunos lo señalan como el precursor de la sismología moderna puesto que ordenó la realización de una encuesta en todas las parroquias del país en la cual se preguntaba cuánto tiempo duró la sacudida, cuántas replicas se sintieron, que daños fueron causados, si los animales se comportaron de modo extraño antes del sismo y otras preguntas que hoy son básicas para quienes estudian estos fenómenos naturales».

Actual Plaza Marqués de Pombal en Lisboa sobre vias creadas bajo su liderazgo.
En todas las calamidades, hoy en día, los ojos no solo se posan en políticos, sino también, en los medios de comunicación y la sociedad civil.
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