Quizá si en occidente saliéramos a manifestar que “Todos somos Bagdad (Iraq)”, “Todos somos Estambul” (Turquía), “Todos somos Dacca (Bangladesh), etc. – lugares en donde islamistas radicales mataron solo en Julio a 120, 42 y 20 personas, respectivamente, – y nos identificáramos masivamente con las víctimas de atentados contra musulmanes como lo hacemos con “Yo soy Charlie” Hebdo, “Yo soy Paris”, etc., lograríamos que las poblaciones del mundo musulmán (predominantemente en África del Norte, Medio Oriente y Asia Central) sintieran que valoramos, igualmente, la vida de todos los seres humanos sin distinciones religiosas, étnicas ni geográficas.

¿Cuántos de estos manifiestas hay en occidente?
Entonces, quizá, la mayoría de los musulmanes no sentirían que occidente solo se preocupa por ellos cuando se trata de hacer alianzas con sus gobiernos – en su mayoría fundamentalistas y/o dictatoriales – solo por intereses geopolíticos y energéticos.
Quizá si nuestros medios de comunicación y las redes sociales le dieran el mismo tiempo y espacio de cobertura a los atentados islamistas contra musulmanes, con el mismo sentimiento de horror y congoja con que reaccionan cuando los ataques ocurren en occidente (mayoritariamente cristiano, agnóstico y ateo), la guerra contra el terrorismo islamista sería sincronizada mejor a nivel mundial porque los gobiernos de países árabes y de mayoría musulmana no temerían de sus poblaciones sintieran que son demasiado sumisos a las grandes potencias en cuanto a este objetivo común.

Quizá si la izquierda radical europea y latinoamericana no fuese cómplices indirectos del fanatismo anti-occidental con su discurso victimista que culpa de todos los males del mundo al “imperialismo”, exclusivamente estadounidense y europeo, asumiendo también los daños que han hecho a la humanidad las ideología comunistas de la ex Unión Soviética, China, Cuba, etc., que causaron guerras, masacres y terrorismo; y la derecha reaccionaria no fomentara odio por su islamofobía, antisemitismo y xenofobia, entonces las naciones vecinas a lugares como Siria, Iraq, Yemen, Somalia, Libia, Nigeria, etc.; podrían ser asistidas por países vecinos en alianza con grandes potencias en la lucha contra el terrorismo, sin que se cuestionaran las razones humanitarias de estas coaliciones.
Quizá deberíamos plantearnos, como el sabio judío Hilel (70 a. C.-10 d. C.), que vivió en la antigua Judea (hoy Israel: “Si no hago por mí, ¿quién? Si sólo me dedico a mí ¿qué soy? Y si no ahora ¿cuándo?”

Esta frase, como la de Hilel, también en el Talmud, una compilación de tratados teológicos basados en la Torá o Pentateuco del Antiguo Testamento, con versiones y debates de sabios judíos que vivieron entre el siglo I y el V AD.
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