Antes de que el Secretario General de la OEA, Luis Almagro, pidiese activar la Carta Democrática para el caso de Venezuela varios políticos españoles se involucraron en la crisis de ese país.
El ex presidente socialista Zapatero logró reunirse con Leopoldo López y se dice, intentó intercambiar su libertad a cambio de que la oposición renunciara al derecho constitucional de realizar un referéndum revocatorio a Maduro (obviamente ese chantaje no fue aceptado); el candidato del partido CIUDADANOS, Albert Rivera, también viajó a Caracas y como orador invitado en la Asamblea Nacional exigió el derecho a convocar el revocatorio. Desde España, el presidente Rajoy exigía presión contra el gobierno autocrático de Maduro y la izquierda de PODEMOS se intentaba
de deslindar de su pasado vinculado al gobierno de Chávez.
En Francia dos personas de origen hispano también medían fuerzas. El líder del principal movimiento sindical galo, CGT, Phillippe Martínez, de padres nacidos en la comunicad española de Cantabria lideraba una de las huelgas más largas y férreas contra gobierno el gobierno de Hollande ante la insistencia de su primer ministro francés, Manuel Valls, nacido en España, en no mover una coma de la impopular ley laboral que mantiene a Francia en una parálisis de servicios públicos a las puertas en plena Eurocopa.

Valls y Martínez.
Todo esto ocurría en el contexto de la semana que definía si el Real o el Atlético de Madrid ganarían la la Champions League, cuyo resultado igual conduciría la copa de Milán a Madrid. Y sin embargo, quizá el peso de los españoles se hizo sentir más en Venezuela y Francia que en Italia porque en sus grandes clubes de balompié cada vez hay menos hispanos. . ¡Curiosidades de la globalización!

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