El parlamento alemán (Bundestag) ha dado un valiente paso, en momentos complejos, para que el actual arrogante gobierno de Turquía sienta presión en reconocer un genocidio que cometió hace un siglo contra el pueblo armenio en el contexto de la I Guerra Mundial.
Son varios los elementos de análisis:
-La matanza comprobada de más de 1 millón de armenios fue ejecutada sistemáticamente en todo el territorio que le pertenecía al imperio turco otomano para eliminar a todo ese pueblo por haber nacido como armenios (“una denegación del derecho a la vida de los grupos humanos”, como lo definió en 1946 la ONU, ratificado en 1998 en los Estatutos de Roma por la Corte Penal Internacional de 1998 como “actos perpetrados con la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso como tal”).
Turquía aduce que la muerte de armenios ocurrió en el contexto de la I Guerra Mundial en su lucha contra Rusia y “todos” sufrieron pero hay pruebas testimoniales y escritas de órdenes de exterminar a todos los armenios.

-Alemania es un país ejemplar en cuanto a lidiar con sus fantasmas del pasado, y desde el fin de la II Guerra Mundial reconoció su responsabilidad histórica de lo que hicieron sus antepasados nazis; ayudó al Estado Israel y a judíos individualmente con reparaciones de guerra; obliga a la enseñanza obligatoria del Nazismo y el Holocausto en sus colegios y prohíbe la legalización de partidos políticos con discursos xenófobos, neo-nazis o discriminatorios.
También, Alemania ha fomentado que en la ciudad de Nuremberg en donde en 1935 se proclamaron las infames Leyes de Discriminación Racial hoy tenga placas recordatorias, en sus cayas, con el nombre de hogares expropiados a sus ciudadanos judíos y se han colocado las señalizaciones de la época con la órdenes contra los judíos, y en Berlín se han construido un Memorial para el Holocausto y un Museo Judío.

Placas colocadas en zonas de donde judíos de Nuremberg fueron deportados.

Parte del Memorial del Holocausto de Berlin.
-El Bundestag toma esta decisión cuando la canciller Angela Merkel intenta mantener el frágil acuerdo de la Unión Europea con el gobierno turco para la repatriación de refugiados, y el mensaje, para un autócrata como el presidente Erdogan es claro: negocios son negocios pero la conciencia no se vende.
http://www.youtube.com/watch?v=p1naBxqvDVU
Lo ocurrido debe ser ejemplo para otros gobiernos que no se atreven a fijar posturas categóricas contra tiranías de ayer y de hoy.
RECOMIENDO LEER MI ARTÍCULO: «EL NEGACIONISMO COMO ODIO» DE
ABRIL DE 2015 EN: https://arielsegal.wordpress.com/2015/04/25/el-negacionismo-como-odio/
Y ESTE VIDEO SOBRE GENOCIDOS PASADOS Y PRESENTES:
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