La tragedia y el sistema de alianzas de la guerra civil siria es ostensible para el caso de la histórica ciudad de Alepo, cuya ciudadela antigua – patrimonio universal – está casi en ruinas como el resto de la urbe.

Las primeras batallas en esta ciudad, la más habitada de Siria, comenzaron en 2012 y sus vecindarios fueron fraccionados entre las tropas del dictador al-Assad; el grupo de oposición laica al régimen, el Ejército de Liberación Nacional; y milicias islamistas sunitas del Frente Al Nusra (filial de Al Qaeda) y el Estado Islámico (EI). Con el tiempo los fanáticos islámicos controlaron la mayor parte de la ciudad y se dio un éxodo de civiles, sobre todo, cristianos y kurdos.

En 4 años han muerto más de 12 mil civiles de Alepo y en días recientes, con la entrada del ejército de Assad a la ciudad, apoyados por combatientes aliados chiítas de Irán y de la guerrilla libanesa Hezbollah, la cifra de víctimas se incrementa. (¡Si fuese Estados Unidos o Israel, ya habría manifestaciones en muchas partes del mundo!).
Rusia obligó a la retirada de los islamistas sunitas de casi un 70% del territorio de Alepo tras bombardearla indiscriminadamente, provocando masacres y el desplazamiento de 30 mil personas, en una situación calificada por un portavoz del Comité de Derechos Humanos de la ONU como “grotesca”.

Por si fuera poco, Turquía, también ha bombardeado zonas del norte de la provincia de Alepo (no la ciudad), para impedir que se consoliden en ellas milicias de un grupo kurdo, el YPG, ante el temor que en una post-guerra siria logren formar un estado para ese pueblo no árabe que tiene una gran diáspora kurda en su territorio.

«Área en donde viven los kurdos divididos, en su mayoría, entre Turquía, Irán, Iraq y Siria».
Con Rusia – que no ataca al E.I – y Turquía, con su actual enemistad, complican la guerra contra los islamistas radicales en Siria.
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