Las antiguas estatuas se descubren en excavaciones arqueológicas pero esta semana el gobierno de Italia inventó un nuevo método: el cubrimiento temporal de sus monumentos para no herir los sentimientos de “invitados especiales”.

El gobierno del primer ministro Matteo Renzi ordenó colocar paneles en las esculturas con desnudos de la civilización greco-romana exhibidas en los Museos Capitolinos del Ayuntamiento de Roma durante la visita que realizó allí el presidente iraní Hassan Ruhani. Más que un “gesto” de tolerancia el hecho ha sido interpretado como una capitulación más, de un país europeo, que no debe hacer concesiones culturales sobre sus valores laicos.
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«Ruhani y Renzi en el Ayuntamiento de Roma»
Ruhani y su sequito de ministros y empresarios son huéspedes bienvenidos Europa – ahora que Irán fue liberado del embargo económico por la implementación del acuerdo nuclear firmado el año pasado- por los grandes negocios que ofrece el mercado petrolero persa a sus países, pero una nación no debe renunciar a sus legados por beneficios comerciales.

No se trata del caso de las caricaturas de Mahoma en el semanario Charlie Hebdo que plantean, por burlarse de la figura fundacional del Islam, una polémica sobre los límites de la libertad de expresión y el libertinaje, y ni siquiera, la imposición de “velos” para la Venus y otras esculturas romanas es comparable con la inhibición de varios autores occidentales de escribir sobre el profeta del Islam para evitar la experiencia de Salman Rushdie. quien en 1989, debió esconderse por más de una década tras el decreto religioso del líder de la revolución islámica de Irán, Khomeini, convocando a los musulmanes a asesinarlo por sus “blasfemias” en su novela Los versos satánicos.

Lo ocurrido en Italia revela que el miedo al islamismo afecta profundamente a los responsables de mantener en occidente los principios de sociedades tolerantes y a la vez, multiculturales.

«En el caso de la visita de Ruhani no bastó con que Venus se cubra, ella misma, sus partes intimas»
Al menos, de Roma, en donde también el dios mitológico de la vid, Dionisio, fue escondido de la vista de Ruhani, en Francia se encontró que su par galo, Hollande, mantuvo los vinos que guarda para sus huéspedes, y a diferencia de Julio Cesar, de París, Ruhani no pudo decir “vine, vi y vencí”, porque de allí el persa se marchó sin imponerse.

«Dionisio»

«Holland durante un brindis con un buen vino francés»














