A fines del siglo 19 Timbuktú en Malí, era junto a Lhasa en Tíbet e Iquitos en el Amazonas del Perú, una de las tres ciudades más aisladas del mundo.

Hoy la ciudad del Himalaya, y la amazónica de la selva se han vuelto más comerciales y turísticas mientras Timbuktú, la capital de la región del mismo nombre en el desierto de Sahara se mantiene aislada y desconocida para muchos a pesar de que en el Óscar del 2014 el film “Timbuktú” intentó ponerla en el mapa a raíz de la invasión de una filial de Al Qaeda en 2012 que tomó el control del norte de Malí.

El director de “Timbuktú” mostró como una provincial ciudad con población conservadora musulmana se vio, de repente, afectada por la presencia de extranjeros islamistas radicales que atentaron contra su cultura y cotidianidad (prohibición de la música, de jugar futbol, etc.), hasta el punto que su manera de vivir de acuerdo al Islam fue cuestionada con leyes absurdas, que de infringirse, conducían a brutales castigos.
Timbuktú, la película, y la real, muestra cómo como Al Qaeda (AQ), aliada entonces con milicias de la tribu Tuareg del norte de Malí, es intolerante y violento, incluso con musulmanes muy conservadores víctimas de la mentalidad fanática de islamistas radicales.
(Ver http://peru21.pe/opinion/malienses-y-malevolos-2114235).
Tras la amenaza islamista que sufrió Malí en 2012, su gobierno pidió ayudar a fuerzas militares francesas que obligaron a los Tuareg a firmar un acuerdo de autonomía en el norte del país a condición de separarse de Al Qaeda. Entonces éste grupo islamista juró venganza contra Francia y contra el gobierno de Malí, y la vimos cristalizada la semana pasada con el atentado en el hotel Radisson Blu en la capital, Bamako.
¿Por qué todos somos París y no Beirut, Jelma (Túnez) Tel Aviv, Bamako o Timbuktú?

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