La existencia de campos de trabajos forzados es común a los sistemas totalitarios del siglo 20 y 21 como los creados por los nazis, llamados “Lagers”, en algunos de los cuales habían también cámaras de gas para exterminar a judíos, gitanos y otras minorías consideradas por ellos como “razas inferiores”; los Gulags de la Unión Soviética, en su mayoría ubicados en la gélida Siberia; y tantos otros como en Corea del Norte en donde hasta hoy son enviados disidentes del régimen, a pesar de que su tiranía lo niegue.
El término “campo de concentración” se utilizó por primera vez en 1898 para referirse a lugares en donde se sometían, a trabajos forzados, malnutrición e incluso, asesinatos, a presos de guerra y rebeldes, y el primero fue creado por españoles en cuba durante su guerra contra Estados Unidos a finales del siglo 19. Desde entonces, los campos de concentración instalados por diferentes imperios o dictaduras han sido desmantelados solo cuando el régimen que los creó colapsó al ser derrotado en una guerra o por implosión del sistema, como en el caso de la ex Unión Soviética.
La decisión tomada en 2013 por el Partido Comunista chino (PCCh) de desmontar estas instalaciones, a las cuales ellos llamaban, eufemísticamente, campos de “reeducación mediante el trabajo”, marcó un precedente histórico, puesto que el mismo régimen que domina a China desde la revolución de Mao Zedong de 1949, acabó con la política del Laogai (en chino, “reforma por el trabajo”) llegó a su fin, con lo cual los delincuentes (con y sin comillas), ya no sufren de trabajos forzados.

Fue el fin de una institución que mató a unos 50 millones de personas durante más de medio siglo.
Recientemente el PCCH anunció que las parejas podrán tener hasta dos hijos acabando con la imposición de la política del hijo único de 1972 para que el aumento del índice de natalidad incremente la fuerza laboral de jóvenes en unos años. Si bien esta decisión se tomó por consideraciones económicas, la erradicación de este decreto pondrá fin a muchos abortos forzados que según el estudio de Steven Mosher, presidente del Instituto de Investigación Poblacional, produjo 400 millones de muertes de bebes. Según informes de la ONU en 2011, unas 160 millones de niñas fueron asesinadas tras el parto o como bebes por ese tipo de políticas en China, Vietnam e India.

China se desprende, lentamente, de tradicionales políticas del totalitarismo aunque falta mucho para que deje de ser un sistema de este tipo, en especial cuando las torturas siguen siendo legales y no reconoce que hay centenares de prisioneros políticos en sus prisiones.

Con una nueva generación de dirigentes que no conoció a la generación de Mao Zedong, China se “reeduca” lentamente a sí misma, en un intento de forzar una liberalización que no se queda solo en la economía.
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