En una entrevista que la periodista de CNN, Christiane Amanpour, realizó al secretario de estado norteamericano John Kerry sobre el acuerdo de monitoreo del proyecto nuclear iraní firmado por el el gobierno de ese país y 5 naciones occidentales y la UE, el entrevistado reconoció, cándidamente, que el resultado de las negociaciones solo se sabrá en meses cuando se compruebe si los persas permiten las inspecciones en sus instalaciones atómicas y militares. Kerry insistió, por lo tanto, en que se logró un “deal” (acuerdo”) y no un “treaty” (tratado).
El matiz al distinguir los conceptos de acuerdo y tratado fue profundizado por Obama al columnista del The New York Times, Thomas Friedman, cuando le explicó que el acuerdo con Irán “…no está basado en la confianza, sino en un mecanismo verificable que si ellos incumplen podemos revertir” – dijo, y agregó que la razón por la cual se unificó la comunidad internacional es porque nunca se había aplicado una presión tan consensuada y efectiva de sanciones económicas a un país, como en este caso, lo cual obligó al régimen iraní a sentarse en la mesa de negociaciones.
En la entrevista a Friedman, Obama explica que la única manera de lograr este acuerdo dependía en centrarse, únicamente, en el asunto de las inspecciones nucleares a Irán sin exigir otros asuntos que preocupan a los países del Medio Oriente como el apoyo militar, económico y político de su régimen fundamentalista a grupos terroristas como Hamas y Hezbollah, y en caso de Israel, sus continuas amenazas de “borrarlo del mapa”.
Obama y su «doctrina Irán» en entrevista a Thomas Friedman en Abril de 2015.
Si el acuerdo será exitoso en impedir una Irán con bombas nucleares por los próximos 10 años, o si como ocurrió cuando la administración de Bill Clinton en su dialogo con Corea del Norte, que con trampas, obtuvo bombas atómicas, solo el tiempo, “juez máximo” de la Historia, lo determinará, y entonces sabremos si Obama será recordado como el ingenuo primer ministro británico Chamberlain que pactó con Hitler, o como Churchill, el estadista, quien nunca le creyó al tirano nazi.

Obama: entre Chamberlain y Churchill
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