«Aquel que salva una vida, es como si salvase al mundo entero» (Talmud Babli- Fuente del judaísmo escrito entre el siglo 1 y el siglo 5 E.C)
Los yihadistas o “guerreros santos” del Estado Islámico (ISIS) no solo masacran a musulmanes que no comparten su visión medievalista de su visión del Islam y a cristianos que habitan en Iraq y Siria desde el siglo I D.C, sino también, arremeten contra lugares santos de religiones y civilizaciones antiguas que ellos consideran herejes.
Un precedente a lo que hace ISIS se dio con el régimen Talibán en Afganistán, también de una ideología islamista radical sunita, cuando destruyó en 2001, dos enormes estatuas: los Budas de Bamiyán, talladas en el siglo 5 o 6 DC en un acantilado en un valle con ese nombre.

Budas de Bamiyán antes de su destrucción.

Después de la destrucción.
Si en ese entonces, aquel lugar, declarado por la UNESCO como patrimonio para la humanidad, causó gran indignación, qué decir de todas las reliquias arqueológicas destrozadas en parte de donde surgió la antigua civilización babilónica por parte de un grupo fanático que considera a cualquier vestigio previo al Islam, fundado en el siglo 7 DC, como objetivo para ser destruido.
Entre los patrimonios arrasados por ISIS en Iraq están el Museo de la Civilización de Mosul,

estatuas y edificaciones asirias en la antigua Nimrod (capital del antiguo imperio asirio en el siglo 13 A.C),

Nimrod es la ciudad antigua en la cual, según la Biblia, se construyó la Torre de Babel.
las ruinas de Hatra (ciudad del imperio de los partos surgido en el siglo 3 A.C), etc.
y si puediera, ISIS, intentaría destruir en todo el mundo cualquier monumento de civilizaciones pre-islámicas:

Se calcula que este grupo controla más de mil de los 1.800 de los 12.000 sitios arqueológicos del país. En Siria, en la ya golpeada ciudad de Alepo, ISIS ha hecho daños irreversibles a su ciudadela antigua:

En estos días considerados santos para millones de cristianos en el mundo, es de esperar que se elabore una estrategia para rescatar lo que es sagrado para minorías sometidas por fanáticos y sobre todo, lo más santo de todo: la vida.
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