DESPUÉS de Auschwitz y otros campos de exterminio o concentración nazis y soviéticos (Gulags) cualquier genocidio justifica que hoy se bombardee al Estado Islámico (EI) en Iraq y Siria para evitar que indefensos civiles sean masacrados por ese grupo de islamistas sunitas radicales que asesinan a todo quien no nació con su doctrina religiosa, etnicidad o que se adapte a su ideología totalitaria fanática: chiítas, yazadíes (musulmanes con creencias pre-islámicas), cristianos, etc. Después de Auschwitz es vergonzoso que las potencias del mundo no detengan el genocidio contra los cristianos que perpetra el Boko Haram en Nigeria, ahora se extiende a Camerún, Níger y Chad.

DESPUÉS de Auschwitz fue triste que algunos intelectuales de izquierda se hicieran la vista gorda con los millones de víctimas de los regímenes comunistas de la ex Unión Soviética, China y Camboya, y que algunos pensadores de derecha se limitaran a criticar a los anteriores sin incluir en sus denuncias a Pinochet, Videla y Viola, Sukarno en Indonesia, etc., durante la “Guerra Fría”.
EL 27.01.15 se conmemoró el 70 aniversario de la liberación de Auschwitz, y me toca personalmente porque los padres de mi madre, Alicia Freilich, perdieron a casi toda su familia en las cenizas de ese averno y mi padre, Jaime Segal, sobrevivió al campo de concentración de Transnitria.
MI PADRE JAIME EXPLICA SU SUPERVIVENCIA.
EN su novela Cláper, mi madre, Alicia Freilich, menciona el momento en que a mis abuelos Max y Rebeca se enteran de que la hermana de mi abuela, Guta, y su esposo Abraham, sobrevivieron Auschwitz:

FRAGMENTO DE LA NOVELA CLÁPER
“Una mañana del año cuarenta y cinco despierto sobresaltad por extraños ruidos. Me acerco de puntillas al dormitorio de ustedes y no sé si lloran o ríen. ¿Se puede estar dramáticamente feliz? Eso era.
Papá, tú repetías como un autómata, el texto de una misiva. Estamos vivos, estamos vivos. Guta y Abraham. Estamos vivos…
La carta llegó al apartado ciento sesenta y tres de Carmelitas, a nombre de Max. ¿Cómo la tía pudo retener esos datos durante los seis años de aquel infierno?
Febriles gestiones para traerlos a Venezuela trastornaron a mi madre que había parido recién a su tercera niñita, enfermiza criatura atendida por el pediatra Gómez Malaret, un médico también de almas, pues con paciencia de santo escuchaba los quejidos sobre las dificultades en la obtención de visas si los solicitantes no se declaraban cristianos.
Miriam se llamaba la segunda hija en recuerdo de la abuela materna y Perla nombraron a la última, en homenaje a la vivísima abuelita de Léndov…Mientras, los tíos esperaban en París hospedados por Hela y David Haftarchik. Prometieron que al llegar nos relatarían el milagro de la sobrevivencia y contaron…
Lo más espeluznante de aquellas mil y unas noches fue su emotivo recuento de una certeza errada. La pareja pasó casi toda la guerra en el mismo campo de concentración, separada por una valla alámbrica, dando por segura su muerte, porque desgarrados de su familia a las puertas de Auschwitz, no supieron el uno del otro hasta aquel junio, cuando Guta nos envió el estamos vivos.
Se reencontraron en la calle principal de Konin, el pueblito natal de Hirshbein, el marido, mientras cada cual buscaba información sobre su cónyuge y parientes.
Me juré que resistiría su historia hasta el final. Y después de padecerla, a viva voz, ningún justificativo sobre aquel genocidio puede otorgar un atenuante a que doblegue esta indignación. Razones de Estado, no sabíamos, pensaban que era humo de fábricas, obedecimos órdenes del gobierno, quién podía imaginar. Mentiras que siguen legalizando, día a día, desafueros y masacres en oriente y occidente.
De la numerosa familia sólo quedaron ellos para dejar testimonio… ¡Ah, sí! De Yehuda Ari se recibió una hojita remitida desde Siberia …Pedía noticia de sus hermanos y alguna migas de pan…”
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De izquierda a derecha. Arriba: mi tío-abuelo Abraham Hirshbein. Mi madre Alicia Freilich, mi padre Jaime Segal. Abajo: mi tía-abuela Guta Freilich Hirsbei, mis abuelos Rebeca (Rifka) Warshavska de Freilich, mi abuelo Max (Mordejai) Freilich, y mi tía Miriam Freilich.
PORQUE EL HOLOCAUSTO, como cualquier genocidio me es asunto personal me subleva todo tipo de totalitarismo (aun los caribeños) y de genocidios (exterminio a una comunidad por su identidad) y me indigna la tergiversación del término “genocidio” (Ver http://www.radiojai.com.ar/Online/notiDetalle.asp?id_Noticia=23774) para conflictos complejos, con matices, en los que no se aplica como ataques contra el EI; el palestino-israelí; etc.
Después de Auschwitz hay que aprender la diferencia.
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