Todos somos Charlie”, clamaron los franceses para identificarse con las víctimas del ataque terrorista contra el seminario Charlie Hebdo. Fue éste el slogan inicial unísono contra todo radicalismo que amenaza con socavar la libertad de expresión, pero de no ser porque uno de los policías asesinados fue musulmán y cuatro de las víctimas fueron judíos secuestrados un supermercado Kosher (alimentos preparados según prescripciones del judaísmo) por dos de los perpetradores que participaron en el atentado, el lema original no se hubiera ampliado al de “Todos somos Charlie, somos judíos, somos musulmanes y somos policías”

Francia es un país mayoritariamente tolerante pero tiene altos índices de xenofobia, islamofobía y antisemitismo (muchas veces simulado en una deslegitimación, más que crítica, al estado de Israel), y así como es uno de los lugares de Europa en donde se organizan más protestas a favor de los palestinos, sobre todo por parte de sus ciudadanos árabes, o contra las políticas de Estados Unidos en el Medio Oriente, apenas unos cuantos políticos e intelectuales alzaban sus voces cuando se trataba de ataques a mezquitas u objetivos judíos hasta los tenebrosos hechos de la pasada semana.

El “Todos somos Judíos” ocurre luego de más de una década de crecientes atentados islamistas que le costaron la vida a judíos franceses como el de 2006, perpetrado por la autoproclamada “banda de los barbaros” contra un joven judío; el de marzo de 2012 cuando 3 niños acribillados mientras salían de unas escuela hebrea de Toulouse; el cerco que realizaron simpatizantes de Hamas en una sinagoga de París, en julio de 2014 gritando que “Hitler tenía razón” y “muerte a los judíos”, etc.

Víctimas del atentado de Tolousse.
Los islamistas radicales son enemigos los políticos que los enfrentan, de los periodistas que los exponen en su fanatismo, pero también, de muchos individuos y comunidades, no por lo que hacen, sino, por el hecho de existir. Si bien el problema del islamismo lo deben resolver los políticos y líderes espirituales musulmanes, todos debemos ser cristianos cada vez que el Boko Haram y el Estado Islámico los asesina en Nigeria o el Medio Oriente, respectivamente; todos debemos ser judíos de Europa, y mujeres y homosexuales en países fundamentalistas islámicos, etc., para defender, no solo la vida y la libertad sino también, el derecho de todos a, simplemente, ser.

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