Gane quien gane las elecciones de Brasil, la hegemonía de más de una década del Partido de los Trabajadores (PT) en el poder está en jaque, y mañana sabremos si mate, algo impensable hace cuatro años cuando la sucesora de Lula da Silva, Dilma Rousseff, asumió la presidencia en 2011.

Dilma y su opositor de segunda vuelta Neves tras uno de los debates
¿Qué ocurrió? Lo mismo que le pasa a la mayoría de los partidos que están en el poder por mucho tiempo: corrupción crónica, desencanto gradual aunque el PT logró varias conquistas sociales ante las mayorías pobres del país. Se puede argumentar que el caso de Evo Morales refuta esta tesis pero Bolivia es muy diferente a la pluralista Brasil con un gobierno caudillista de autocracia electoral – copiado del modelo del finado amigo y “patrono” de Evo, Hugo Chávez – que usa cambios constitucionales para perpetuarse en el poder; asalta a las instituciones del estado y criminaliza a la oposición. Además, el origen étnico y social de Evo origina un vínculo emocional natural con la mayoría de sus compatriotas,
El gobierno de Dilma se vio afectado por políticas como las que expresé en mi artículo “Brasil vale más que su selección” el 13-07-2014: “El Mundial (de futbol) no justificó el desplazamiento de centenares de familias para que en Rio de Janeiro los turistas no tuvieran que ver mendigos ni los excesos de violencia en las favelas para aislarlas por un mes…” Esta acciones, aunadas a escándalos de corrupción, incluyendo las de funcionarios involucrados en la organización de un Mundial en el que Brasil tuvo una de las peores selecciones de su historia, influyen, entre otros factores, a que el PT pierda popularidad, aun si gana mañana.
¡
Deja un comentario