En los últimos meses el movimiento islámico de Siria y el Levante (ISIS), que controla parte del norte de Irak y del oeste de Siria, ha ejecutado varias crucifixiones contra cristianos. Este tipo de ejecución cruel, practicada por los antiguos persas y otros pueblos de las costas del Mediterráneo – y luego llevado al paroxismo por la Roma antigua, fue abolido con la fundación del primer imperio cristiano, el Bizantino, en el siglo 4 DC.
En el siglo 7 DC, con el surgimiento del Islam, el texto sagrado que Mahoma presentó a sus seguidores, en su versículo 33 del quinto libro, estipuló que la pena para aquellos que hagan la guerra contra Dios y sus mensajeros y lleven corrupción a la tierra “no es otra que la muerte o la crucifixión”, entre otras que incluyen la amputación de miembros del cuerpo, o en el caso más benigno, el exilio. Sin embargo, el Corán exonera de esta lenta y brutal matanza a quienes se arrepientan de sus pecados antes de ser capturados.
Históricamente, los imperios musulmanes casi no utilizaron la crucifixión como instrumento de ejecución, y sin embargo, son islamistas de nuestros tiempos los que han vuelto a reinstaurar en la Sudán fundamentalista del dictador Omar Al-Bashir desde 2002 contra sacerdotes cristianos; en Yemen, como forma de tortura, por una filial de Al Qaeda; en la sunita Arabia Saudita y la chiíta Irán, esporádicamente, como “castigo ejemplarizante” e incluso Hamas instituyó la crucifixión en la franja de Gaza desde el año 2008.

Manifestaciones de musulmanes contra el ISIS.
El ISIS se ha ensañado en especial contra cristianos iraquíes y sirios, y así como ocurrió con ellos y los judíos durante las persecuciones romanas, hoy los grupos islamistas perpetran ese tipo de cruel tortura y matanza que se creía erradicada de faz de la tierra.
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