Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”. Así comienza una de las inmortales historias del fallecido premio Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez, creador, arquitecto y recolector de cosmos como Macondo. “El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo”, dice el mismo párrafo de inicio de “Cien Años de Soledad”, en una frase que rememora lo que fue el bíblico paraíso terrenal, y enmarca nuestra vida tan compleja, tan llena de mucho y tan vacía de tanto, que por momentos se hace difícil describirla al saturarnos de lo instantáneo, virtual, digital, global y multidimensional como se nos presenta.

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En 1927, año cuando nació Gabo, se realizó la primera emisión de noticias de la BBC de Londres y se estrenó la primera película sonora que cambió a la estructura del cine, “El cantante de Jazz”, casi como premonición del excelente periodista colombiano quien luego se dedicaría a la ficción y transformaría la literatura y la crónica con nuevas técnicas narrativas.

En 1927 nacería una nueva narrativa cinematográfica (con la llegada del sonido) y un escritor que cambiaría la narrativa literaria.
En 1967, Gabo presentó la obra que lo haría conocido mundialmente, relatando la saga de la extensa familia Buendía, en un juego de tiempos cíclicos que avanzan y retroceden en la obra, que, para muchos, inició el realismo mágico del boom latinoamericano de literatura.

El día que el padre del coronel Aureliano Buendía lo llevó a conocer el hielo, el gitano alquimista que se lo enseñó, Melquíades, profetizó: “»La ciencia ha eliminado las distancias»…“Dentro de poco, el hombre podrá ver lo que ocurre en cualquier lugar de la tierra, sin moverse de su casa”. Y si bien, la televisión ya existía para la fecha de edición de “Cien Años de Soledad”, imaginar que los seres humanos podríamos ver lo que ocurre en todo lugar del planeta, resultó ser una exacta predicción de nuestros tiempos de redes sociales, Internet y medios audiovisuales que, si una persona lo deseará, podría manejar sus cuentas, su información y hasta su presencia, virtualmente, sin salir de su hogar.
Ese recuerdo del coronel Buendía se da el día que se encuentra en el paredón de fusilamiento y comienza rememorando algo tan simple pero asombroso, como su descubrimiento del hielo, y sin embargo, Aureliano se salva ese día, al igual que lo hizo de 14 atentados y 73 emboscadas en el contexto de tiempos de guerra civil, como las muchas que azotan a centenares de lugares macondianos del mundo.

El coronel, murió un día que llegó el circo a Macondo mientras orinaba en el castaño en donde descubrieron su cadáver al día siguiente. Gabo evitó el circo, se fue silente gracias al hermetismo de su familia y sus restos fueron cremados. Como el hielo, que es agua en estado sólido que al hervir se transforma en vapor los humanos, al diluirnos físicamente, quedamos como Gabo, a través de nuestras obras de vida.

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