La clave con la que tocan los sumisos ejecutantes de la OEA desentona, con su propia Carta Democrática firmada en Perú el 11-9-01, que estipula la condena a golpes de estado pero también, a gobiernos que no respetan derechos humanos, y no sigue a la mayoría de los pueblos allí representados, a quienes les es claro que en Venezuela hay una dictadura.

Caricatura de Edo de su facebooK: https://www.facebook.com/pages/EDO-ilustrado/38920800631
Dada esta situación, se hace más valido que nunca, lo que el ex embajador de Panamá en la OEA, Guillermo Cochez planteó enero de 2013 cuando acusó al régimen venezolano de abuso de poder por la falta absoluta de independencia de poderes del estado y por mentir sobre la salud, del entonces, ¿paciente, agonizante o ya fallecido? Chávez.
En ese entonces, a diferencia de ahora, el gobierno de Martinelli decidió suspender a Cochez de la OEA para no confrontar a un Maduro proclamado presidente con tufo de fraude, a diferencia de ahora cuando el presidente de Panamá, a pocos meses de terminar su mandato, tomó la batuta para denunciar los atropellos contra la libertad de expresión, manifestación y protesta pacífica del régimen castrista-chavista contra estudiantes y opositores. (Es cierto que algunas protestas son ahora violentas a raíz de la represión de las manifestaciones pacíficas que radicalizaron a un pequeño sector de la oposición).

Venezuela, que durante décadas no mantuvo relaciones diplomáticas con dictaduras y ayudó a varios perseguidos de todo el continente a refugiarse en su territorio, hoy pide un S.O.S y recibe la vergonzosa respuesta de una mayoría de gobiernos del continente vendidos a los petrodólares o al interés de que su neo-dictadura mantenga al país sin industria nacional para vender casi todo lo que consume el pueblo venezolano.

A la OEA no hay ya que pedirle un SOS, sino estamparle un Q.E.P.D.
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