Tailandia se mantiene sumida en una lucha de meses entre partidarios del gobierno y de la oposición a pesar de las recientes elecciones boicoteadas por aquellos que se oponen a que el partido del magnate en el exilio, Taksin Shinawatra, intente perpetuarse en el poder.

Taksin, quien se convirtió en primer ministro en 2001, logró ilusionar a los tailandeses de provincias y de las clases más bajas, poniendo fin a más de 50 años de gobiernos dominados por las élites militares y económicas. El entonces joven policía que logró ascender meteóricamente a millonario empresario de una corporación telefónica se vendió como un ejemplo a seguir para la mayoría de los casi 70 millones de habitantes del país y gobernó como un déspota hasta 2006, cuando acusado de corrupción, fue derrocado en un golpe apoyado por el rey.
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Como suele suceder en estas historias, los “revolucionarios” pronto se vuelven élite, se corrompen, gobiernan autoritariamente, y se genera una lucha de intereses entre grupos tradicionales de poder vs. neo-ricos, ambos con influencia en el ejército y en otras instituciones del estado.
Con Taksin en Dubái, sus partidarios retomaron el poder con la elección de su hermana como primer ministra en 2011, pero en la polarizada Tailandia sus oponentes han intentado forjar una especie de “Primavera de Bangkok” que tiene paralizado al país hace meses. A pesar del adelanto de las elecciones la oposición más radical boicoteó los comicios por su exigencia de una reforma total del sistema político.

Yingluck Shinawatra vota en unas elecciones boicoteadas por gran parte de la oposición.
Tailandia, la antigua Siam, es lugar de una larga historia y tradición, dada a conocer ligeramente por Hollywood en el film “El Rey y yo” con Yul Brynner.

Siendo la única entidad del lejano oriente que mantuvo su independencia de potencias colonizadoras europeas que invadieron la región desde el siglo 16, pareciera que el karma de Tailandia fuese el de padecer de una conflictiva democracia (el budismo Theravāda es practicado por un 95% de la población), o de regímenes militares (18 golpes de estado desde el fin de la monarquía absoluta en 1932).

Y mientras, la figura de consenso de la monarquía parlamentaria, el Rey Bhumibol de 86 años, (63 en el trono), está muy enfermo, y los problemas de sucesión no permiten vislumbrar que la solución de la crisis tailandesa provenga de la familia real.

Rey Bhumibol Adulyade en una breve salutación a los tailandeses por el año nuevo 2014.
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