Basado en fragmentos de un artículo que escribí en 2006:
Sharon se mantuvo conectado a un respirador por 8 años hasta su reciente fallecimiento. ¿Cómo se explica su popularidad a pesar de haber desertado del partido Likud que lo llevó al poder en 2001 y ante la aversión que le tenía un importante sector pacifista que históricamente lo confrontó?

Al primer grupo Sharon se los ganó al aplicar una política de “tolerancia cero” al terrorismo y aislar a Yasser Arafat como interlocutor valido para negociar un proceso de paz con el pueblo palestino. A sus oponentes tradicionales, que desde hace mucho entienden la necesidad imperiosa del desalojo israelí de la mayor parte de los territorios palestinos conquistados durante la Guerra de los 6 Días en 1967, los convenció cuando desmanteló los asentamientos de Gaza, que junto a varios de Cisjordania, él mismo incentivó a construir en funciones de ministro de agricultura y vivienda en la década de los 90.
Al convertirse en primer ministro, a diferencia de su pasado controversial como ministro de defensa en los 80 y luego miembro de la oposición, Sharon consolidó un estilo de autoridad similar al de la vieja guardia den la generación de jefes de Estado que vivió las guerras fundacionales y de supervivencia de Israel y a diferencia de sus antecesores inmediatos en el cargo – Benjamín Netanyahu (que regresó al poder) y Ehud Barak, – se deslindó de la política mediática, desdeñó encuestas, protocolos y cumbres, dedicándose a gobernar con convicción y un sentido de misión. Como Yizhak Rabin se guió por lo que pensó que debía hacer y no por mantenerse en el poder.

Sharon como ministro de los gobiernos de Menahem Begin en la década de los 80.
Ariel se conectó con su pueblo por medio de la desconexión de sus antiguos aliados, de su pasada ideología nacionalista y de sus prejuicios y así, de parte de la tierra que difícilmente imaginó algún día devolver.
En 2006, también escribí otro artículo sobre Sharon, posterior a este y lo comparto aquí:
Ariel Sharon: Un Anticipado Epílogo de Una Polémica Biografía
Ariel Segal
Hace años escribí un artículo en el cual admitía, Ariel Sharon, que fui uno de tus detractores del pasado pero tu cambio originó el mío y de muchos otros que ahora reconocemos el puesto que has ganado en la historia de Israel como uno de sus Estadistas. Entonces expresé que pasara lo que pasara, tu riesgo al abandonar el Likud, partido que contribuiste a fundar, era la prueba indudable de que llegaste al cenit de la madurez política. Aun si perdías la última batalla electoral de tu vida ya habías cumplido con lo retos más difíciles que te propusiste: desafiarte a ti mismo, a tus prejuicios y a lo que eran tus convicciones del pasado.
Un derrame cerebral detuvo tu camino para avanzar, junto con disidentes de tu partido y de otros, como Shimon Peres, por el camino que iniciaste tras la retirada unilateral israelí de Gaza. Es difícil que el nuevo partido político que creaste pueda completar la histórica tarea de desalojar la mayor parte de los territorios palestinos sin tu imponente presencia.

Retirada unilateral israelí de Gaza en 2005.
Ganasté las elecciones en 2000, Ariel, prometiendo paz sin concesiones territoriales y no cumpliste para rencor de tus detractores – los colonos y ultra nacionalistas israelíes y aquellos acostumbrados a culparte, o en tu nombre a tu país, de todos los males del Medio Oriente.
Por eso, unos y otros, tus aliados de ayer y tus detractores de siempre – acorazados en supuestas ideologías progresistas selectivas a la hora de criticar o callar la violación de Derechos Humanos según los países y regímenes de su simpatía – fueron incapaces de concederte un atributo, no importa todos los riesgos políticos que, viejo y más sabio, te jugaste por un gesto hacia la paz.

Unos 7 mil colonos israelíes de Gaza debieron ser retirados a la fuerza por el ejército.
Fuiste sumamente belicoso y tu política de represalias a los incesantes ataques de terroristas palestinos contra civiles israelíes consolidó la imagen de guerrero inflexible que marcaba tu biografía. En enero de 2002, cuando Israel interceptó el barco Karin A con 50 mil toneladas de armamento traídos de Irán y demostró la impronta de Arafat en juegos de guerra terminaste de convencer a la gran mayoría de los israelíes, si bien no al mundo, que el líder de la Autoridad Palestina no era un interlocutor válido y decidiste aislarlo en su cuartel general en Ramala a la espera de un nuevo liderazgo palestino.
Al no lograr tu objetivo, decidiste adoptar el plan de retirada unilateral de la Franja de Gaza del ex primer ministro Ehud Barak, renunciando a tu ideología nacionalista. Para sorpresa de todos, tú, gestor de asentamientos en los territorios palestinos ocupados por Israel desde 1967, anunciaste su demolición en Gaza.
Y llegó la hora de las decisiones. Muchos dijeron que no lo harías, que conseguirías las excusas para no cumplir y comenzaste a arriesgar:
– Despediste a los ministros que votaron contra la retirada de Gaza.
– Llevaste la votación al Parlamento aunque la mayoría de tu partido se opuso al plan e invitaste al Partido Laborista, con Shimon Peres, a unirse al gobierno.
– Enviaste al ejército y a la policía a sacar a los colonos que se negaron a marcharse voluntariamente, más de 4 mil, y pusiste fin a la presencia militar y civil israelí en Gaza.
– Comenzaste a negociar con el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas, sobre el futuro de Cisjordania, prometiendo hacer concesiones si los palestinos desarman a sus milicias armadas y grupos terroristas.
Pero la elección del sindicalista Amir Peretz como líder del Partido Laborista obligó a adelantar las elecciones y como sabías que la mayoría del Likud no apoyaba estas políticas, decidiste no competir con tu rival Netanyahu, opuesto a desmantelar asentamientos, creando un nuevo partido de centro.
Eres un personaje complejo, Ariel, aunque tu obeso físico, tu tosquedad y sobre todo, tu biografía repleta de desafortunadas expresiones y peores decisiones como general y ministro, hagan que erróneamente muchos piensen que eres simplón.

Sharon en su otra faceta. Propietario y trabajador agropecuario en su finca en el sur de Israel.
De Ariel a Ariel, confieso que siempre sentí aversión por ti y como la mayoría de los israelíes que siempre reconocieron el derecho de los palestinos a tener un estado en Cisjordania y Gaza – por razones histórica y éticas – pensamos que si un día, en nuestras peores pesadillas, llegabas a ser Primer Ministro, habría que recoger maletas y pedir al último que apague la luz del país.
Ahora es más claro entender que algunas personas pueden redimir algo de sus pasados cuando hacen espectaculares giros ideológicos – como el fundador del IRA Michael Collins, o Nelson Mandela, o el mismo Begin de tu partido que devolvió todo el desierto de Sinai a Egipto o Rabin, quien según el escritor Amos Oz, cambió gradualmente mediante un sutil proceso emocional e intelectual que, en pocas palabras, podría denominarse “si yo fuera palestino”. Probablemente tu no experimentaste un proceso tan profundo como ese y en tu caso se trata más de pragmatismo, pero el resultado es el mismo, como Amos Oz le dijo a Vargas Llosa en su serie de artículos escritos para El País de España: “Quién hubiera imaginado nunca que la lucha por la paz con los palestinos pasaría en algún momento por Ariel Sharon”.
Son muchos los que por años te satanizaron en la prensa, y que en los últimos tiempos, cuando arriesgabas tu puesto de poder por uno en la historia, dejaron de hablar o escribir sobre ti, quizás esperando tu caída política para luego recordar selectivamente lo más oscuro de tu pasado. No ocurre a todos, Ariel, que las canas y las circunstancias les permitan dejar de lado sus prejuicios y odios. Muchos seguirán estigmatizándote toda la vida y algunos, a través tuyo, a todo tu país porque no faltan aquellos para quienes la existencia de Israel es una especie de “pecado original”. Son los mismos que gritan justificadamente cuando un reverendo norteamericano propone un magnicidio y callan cuando el presidente de Irán exige “borrar a Israel del mapa” incitando a un genocidio.
Tu ausencia en la arena política, Ariel, adelanta el admirable epílogo de tu polémica biografía.
Read Full Post »