De los muchos eventos ocurridos durante el 2013, uno anecdótico parece simbolizar la esencia humana, en general, y cómo se moldea a nuestros tiempos, en particular: se trata del reciente episodio ocurrido durante el funeral en honor a Mandela en el cual, el interprete de gestos para sordos, Thamsanqa Dyantyi – un hombre con antecedentes criminales y de esquizofrenia – engañó a quienes no entendemos ese “idioma”, pero también a ellos, pues se hizo pasar por experto en la profesión sin serlo.
Son parte de la polémica el criterio de selección que permitió que un hombre con sus antecedentes llegara a ese escenario, el problema de seguridad en tan importante evento, y se pone al desnudo que la preocupación por los sordos, es más una formalidad que un tema serio. En palabras del filosofo y psicólogo esloveno Slavoj Žižek, en su artículo “El falso interprete de Mandela lo dijo todo”, (The Guardian, 16 de diciembre de 2013): “…en realidad no importa si hay personas sordas entre el público que necesitan la traducción; el traductor está ahí para hacer que nosotros, que no entendemos la lengua de signos, nos sintamos bien”.
http://www.youtube.com/watch?v=oF-AcR14Km8
Del film de Woody Allen, Bananas, una escena surrealistano tan alejada de la real del traductor de Mandela.
http://www.youtube.com/watch?v=d36RKEsPvig
Imitación del imitador- Saturday Night Live
La falsa “traducción” de Dyantyi también simboliza que mucho por lo dicho por oradores de esa ceremonia (y muchas otras), nos quieren transmitir lo que en verdad no son, como el muy corrupto presidente de Sudafrica Jaco Zuma, hablando del legado de honradez de Mandela, o el Raúl Castro sobre su mensaje de “libertad” y “reconciliación”, como si fuesen dos valores supremos del régimen de Cuba. De nuevo el artículo de Žižek nos da una clave: “…las gesticulaciones de Jantjie generaron un efecto tan siniestro una vez que quedó claro que no tenían sentido, ¿Y no era esta también la verdad sobre toda la ceremonia conmemorativa a Mandela? Todas las lágrimas de cocodrilo de los dignatarios eran un ejercicio de auto-felicitación, y Jangtjie los tradujo a lo que efectivamente eran: disparates. Lo que los líderes mundiales celebraban era el exitoso aplazamiento de la verdadera crisis que explotará cuando los sudafricanos negros pobres se conviertan efectivamente en un agente político colectivo. Ellos eran el Ausente a quien Jantjie señalaba, y su mensaje era: los dignatarios realmente no se preocupan por ustedes. A través de su traducción falsa, Jantjie representó de forma palpable la falsedad de toda la ceremonia”.
La duda de Hamlet, del ser o no ser, no está resuelta pero pretende estarlo, en nuestros tiempos de fácil manipulación informativa.








