El libro que elegí para que me acompañará a mi reciente viaje a Venezuela fue el fascinante “Castellio contra Calvino: Conciencia contra Violencia” de Stefan Zweig, el escritor judío alemán que sufrió discriminación, persecución y optó por el exilio, antes de que el nazismo entrara en su etapa más sangrienta contra su pueblo. Ante estas experiencias Zweig escribió varias obras sobre el totalitarismo, la intolerancia y la sumisión de las masas ante figuras mesiánicas y autócratas.

Desconocía que Calvino fue un tirano cuando los líderes de Ginebra, prácticamente, le entregaron el poder de la ciudad para que “la purificara en base a su visión fanática del protestantismo”, y que logró transformar un “Estado de miles de ciudadanos hasta entonces libres, en una férrea maquinaria de obediencia capaz de exterminar cualquier iniciativa, de impedir cualquier libertad de pensamiento en beneficio de su doctrina exclusiva”.
Como ocurre con los autócratas más poderosos de la historia, la mayoría de los intelectuales de la época evitaron enfrentarlo como Erasmo de Róterdam, Rebeláis y Montaigne, quien a lo máximo, fueron ambiguos en sus sutiles referencias contra Calvino. Solo el teólogo Sebastián Castellio se atrevió a confrontarlo frontalmente. La obra de Zweig es plena en reflexiones muy vigentes para las dictaduras (con o sin elecciones) de hoy, y se centra en los debates entre Calvino y Castellio por el caso del juicio y sentencia a la hoguera de Miguel Servet, un español que también cuestionó la doctrina religiosa del caudillo de Ginebra.

Herejes del calvinismo quemados en la hoguera.
Estando en Venezuela, me estremecieron frases como ésta: “El desencanto inequívoco (al régimen de Calvino), está en marcha: la resistencia se extiende cada vez con mayor fuerza y en círculos cada vez más amplios. Pero por suerte para Calvino, sólo se extiende, no se reúne, pues en eso consiste la ventaja temporal de una dictadura, lo que asegura su dominio cuando hace ya tiempo que numéricamente se encuentra en minoría: el que su voluntad militarizada aparece cerrando filas y organizada, mientras que la contraria procede de distintos frentes y obra por distintos motivos…”
Lo importante, para Zweig, es que en Ginebra y en toda Suiza, no prevaleció en el futuro la visión tiránica de Calvino, sino la pluralista de Castellio, y esa es la esperanza que tengo para “la pequeña Venecia”.

Stefan Zweig.
Juan Calvino, al igual que Martin Lutero y Ulrico Zuinglio fueron los primeros representantes de la Reforma en Europa Continental que a la postre se convertirian en simbolos para las denominaciones llamadas protestantes de la actualidad. Las iglesias protestantes, a diferencia de la Catolica, no beatifican ni santifican a sus líderes, simplemente los respeta por sus aciertos y de ninguna manera ignora o justifica sus errores en cualquiera de sus funciones no clericales.
Especificamente Juan Calvino es conocido por tres facetas en las cuales destaco: Pastor, Teologo y Funcionario Publico. Lamentablemente, como nos sucede a todos nosotros, un error en una faceta de alguna forma daña la imagen de todas las demás y nos toca a cada uno discernir si lo descalifica en todas las áreas.
Calvino fue un francés, teólogo de oficio que abrazó los postulados de Lutero desde muy joven. Salió huyendo de las persecuciones del Vaticano a Ginebra, ciudad que había logrado expulsar las fuerzas Católicas, pero que no contaban con el soporte ideológico para definir un gobierno laico que no caiga en los mismos errores de Roma, pero que tampoco degenere en una sociedad libertina. Al no existir registros de anteriores casos de exito, el temor al fracaso estaba latente, hasta que Calvino, que a la época ya había escrito su obra conocida en toda Europa «La Institucion de la Religion Cristiana», podría ser el líder de esta nueva sociedad que restituya a los ciudadanos la confianza en los gobernantes. Calvino no fue un politico tradicional, ni un militar de carrera, simplemente alguien que actuo de acuerdo su criterio que lo que estaba haciendo era lo correcto. Es irónico, pero antes de ser encarcelados el castigo mas fuerte era ser «expulsado» de la ciudad, porque justamente lo que se buscaba era tener una sola identidad en la ciudad y el que se quedaba tenia que aceptar las condiciones internas que permitiesen la uniformidad en el trato y las condiciones para todos, la minoria deberia aceptar las decisiones de la mayoria, y eso era tanto para la paz como para la guerra. Ese mismo criterio se aplico en Estados Unidos y la historia es testigo que Lincoln no tuvo ningun reparo en atacar a sus propios ciudadanos, porque el fin supremo del Pais era preservar y respetar las decisiones tomadas. Lamentablemente en el Peru somos de otra opinion, queremos dar gusto a todos, «Conga va», «Conga no va», «5 lineas para el Metro», «6 Lineas para el Metro», … En nuestra mente no cabe el servcio militar obligatorio porque si no somos capaces de defender nuestras ideas, menos defenderemos nuestras fronteras. Mas del 50% de la poblacion no tiene idea de lo que es pagar impuestos, y los que lo hacen, salvo los que tienen descuentos de planilla, hacen lo imposoble por eludirlo. A nadie le cabe en la cabeza ir a la carcel por no pagar impuestos, mientras que en los paises desarrollados no se salvan ni los curas. En el fondo, todos los peruanos esperamos un mesias, alguien que sea capaz de mandarnos a la guerra a las buenas o las malas, alguien que diga pena de muerte a violadores y criminales, alguien que mande a la carcel a todos los vivos que evaden impuestos, alguien que mande a la carcel a todos los sinverguenzas que engañan a los jovenes diciendo que Abimael es un heroe, alguien que diga a los policias no se les toca ni con el petalo de una rosa y solo un juez puede quitarle la autoridad. Eso es lo que esperabamos del último presidente, pero tendremos que esperar las siguientes elecciones.
Bueno Calvino hizo reformas y seguro que se equivocó muchas veces, murió de 55 años con úlceras porque no comía regularmente y desempeñaba tres funciones a la vez, pastor, teologo y estadista. Entre sus enemigos estaban los que se beneficiaban del status quo y rechazaban el cambio, otros protestantes con diferentes puntos de vista y por supuesto el Vaticano.
Su modelo de ciudad es el que se estableció en las 13 colonias norteamericanas y otros países de Europa que abrazaron el protestantismo como modelo de fe.
No pretendo convencer a nadie que Calvino era «bueno» ni «mejor» que alguien, porque no podemos comparar a las personas en diferentes circunstancias, pero si animar a conocer un poco más de su trabajo e influencia en la edad moderna.