En 1917, durante su segundo período presidencial entre 1911 y 1915, el presidente de Uruguay Battle y Ordoñez, estableció una agenda liberal con una serie de derechos laborales de avanzada para la época como la prohibición de trabajo a menores de 13 años; descanso obligatorio de un día cada siete con jornadas máximas de 8 horas y a las mujeres en sus primeros 40 días del período de embarazo; y otras leyes como la del divorcio – incluso a petición solo por voluntad de la mujer – y la absoluta secularización de actos públicos, lo cual condujo a que los gobiernos subsiguientes, en su mayoría del Partido Colorado, continuaran, hasta la larga dictadura (1973-1985), haciendo de ese pequeño y poco poblado país, el más liberal de todo el continente latinoamericano.

El “Batllismo” (como ideología), que también otorgó el voto femenino en 1927, es el antecedente que explica el por qué, sin grandes resistencias de partidos políticos de oposición y de instituciones sociales uruguayas, el hoy pragmático ex guerrillero presidente, José Mujica – quién sabe distinguir muy bien la política de mercado abierto que le conviene a su nación de gestos simbólicos de sus tiempos pasados que coloca en el estante personal en donde guarda su nostalgia castrista-comunista – ha podido hacer aprobar por el parlamento leyes como: la autorización del aborto (solo durante las 12 primeras semanas de gestación y con consentimiento de especialistas), para evitar que mujeres recurran a clínicas clandestinas sin mínimas condiciones higiénicas; la aprobación del matrimonio civil de parejas homosexuales, y más recientemente, la legalización del consumo de marihuana (un máximo de venta de 40 gramos por adulto, en un mes), con control de estado, pues el gobierno estima que eso evitara que miles de sus consumidores acudan a vendedores que ofrecen drogas más pesadas y por ende, se podría combatir más fácil al narcotráfico.

Más allá de lo polémico de estas decisiones que son más afines a las de muchos países europeos, pero mucho menos a una América Latina con raíces muy católicas, lo que explica que Uruguay sea un país de avanzada en este tipo de legislación, no es solo la presencia de un presidente liberal en cuanto a temas del derecho individual (y que se comporta también liberal, en lo que al mercado se refiere), sino, la misma historia de su país, que gracias a la influencia de Battle y Ordoñez, los presidentes uruguayos no juramenten al cargo sobre la Biblia, no se colocan crucifijos en entes públicos como escuelas y hospitales (a menos que sean privados religiosos), e incluso, la influencia de la Iglesia Católica es nimia comparada al resto del continente.
No debe ser casualidad, también, que Uruguay ha tenido presidentes de gran estatura política y moral, desde el retorno a la democracia, como Julio María Sanguinetti y los dos más recientes, de izquierda pragmatica, Tabaré Vásquez y José Mujica.

Mujica y Vásquez.
RECOMIENDO VER ESTA ENTREVISTA DE UNA PERIODISTA DE LA TVE A JOSÉ MUJICA EN DONDE APRECIARAN LA DIFERENCIA ENTRE UN ESTADISTA Y GRAN SER HUMANO DE LOS POLÍTICOS TRADICIONALES Y CAUDILLOS LATINOAMERICANOS (¡NO DEJEN DE VERLO!)
Del website. http://www.youtube.com/watch?v=aaLCZ14qwF4
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