El régimen “bolivariano” ha obligado a que los distribuidores de películas que exhiban la cinta de ficción “Esclavo de Dios” – cuyo contenido pone en aprietos a sus aliados iraníes y al grupo islamista aliado de Teherán en El Líbano, Hezbollah, – deben primero proyectar un cortometraje panfletario que justifica acciones terroristas de grupos palestinos.

El film del cineasta venezolano Joel Novoa Schneider cuenta la historia de Ahmed, un libanés miembro de una célula islámica (protagonizado por un venezolano de origen kuwaití, Mohammed Alkhaldi) y David, un extremista israelí que trabaja para el servicio secreto de su país – personificado por el argentino Vando Villamil. Ambos, sobrevivientes de atentados que marcaron sus vidas, se confrontan en el marco del ataque con un coche bomba perpetrado en 1994 contra la Asociación Mutual Israelita de Argentina (Amia) que dejo un saldo de 85 víctimas mortales.
Este complejo film, que explora las consecuencias del radicalismo, venga de donde venga, ha sido calificado por el gobierno venezolano de “pro-sionista”,, a lo cual Novoa replicó: “…es un irrespeto al público confundirlo con (la inclusión de) un documental sesgado, si esto continúa estamos considerando el retiro de la película de cartelera, a pesar de la excelente respuesta del público”. También el guionista uruguayo Fernando Butazzoni (católico), en una misiva respondió al régimen venezolano: “…el atentado en la AMIA no había sido contra el estado de Israel (ya habían volado la embajada en Buenos Aires), sino contra la comunidad judía de Buenos “Aires y contra los judíos en general (…)…”Estoy harto de los que confunden la justa rebeldía de los pueblos con el bajo negocio político de entrecasa, de los que medran con dolores ajenos y lejanos. Estoy cansado de quienes creen que ponerse una boina ya es suficiente para dictar cátedra revolucionaria, de los que hablan sin pensar y hacen sin sentir. En América Latina la lucha por la justicia social ha costado ya muchos muertos como para que ahora un grupito de oportunistas, afectados por la enfermedad infantil del izquierdismo, deshaga en diez minutos lo que costó decenas de años construir (…)”
“…la práctica de repudiar expresiones culturales legítimas y exhortar al poder de los Estados a ello es un método fascista. Ya sabemos cómo es esa historia: se empieza quemando un libro y se termina incendiando el Reichstag (en referencia al parlamento alemán)”.
Y el fascismo, de derecha o izquierda, es el método de los esclavos del odio.

Caricatura de Pedro León Zapata. Diario El Nacional
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