Uno de muchos ejemplos de las amenazas de Al QaedaFrancia. Final del siglo 19. Escritores y filósofos se enfrentan por el llamado “Caso Dreyfus”, inaugurando un debate que sacude, a las sociedades democráticas hasta nuestros días: ¿Cómo deben los gobiernos equilibrar la seguridad del estado con las libertades individuales? Si bien ese dilema generó argumentos de gran relevancia, el problema con Alfred Dreyfus fue que la cúpula militar corrupta que lo acusó, falsamente, de espionaje, sabía que este capitán de origen austro-húngaro y judío, en tiempos de furibundo antisemitismo y xenofobia, sería el perfecto “chivo expiatorio” para encubrir el deterioro bélico y moral de sus generales.
Famoso «Yo Acuso» del escritor Émile Zola en un intento de sacudir la conciencia de los franceses ante la injusticia y corrupción del «Caso Dreyfuss»
Es así como Dreyfus fue condenado por más de una década en el penal de la Isla del Diablo, en costas de Guyana, hasta su simbólica rehabilitación.
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El escándalo que sacude al gobierno de Barack Obama por la intromisión de los servicios secretos de su gobierno en llamadas de teléfonos celulares y mensajes por redes sociales a millones de personas, se basa en una realidad incuestionable que lo distancia a años luz del “Caso Dreyfus”: la guerra declarada por la transnacional terrorista Al Qaeda con sus filiales y simpatizantes, contra Estados Unidos y muchos otros países del mundo (no solo occidentales), que se hizo obvia a partir del 11-S de 2001. Basta observar los videos, las prédicas, los panfletos y los artículos que expresan diversos islamistas radicales para comprender que su lucha es por la del establecimiento un imperio islámico.
Este es el contexto en el cual la Opinión Pública estadounidense debate si su presidente está pasando los límites o no, de lo que debe hacer para garantizar su seguridad nacional coartando mínimamente el derecho a la privacidad. Obama asegura mantener un equilibrio mientras que sus detractores le recuerdan que como candidato a su primera elección, criticó la “Ley Patriota” de la administración Bush, la cual le otorga al ejecutivo, luego del 11-S, la potestad de acceder a información confidencial de sus ciudadanos por razones de seguridad.

Con la extensión de dicha ley hasta el 2015, Obama tiene el marco legal para justificarse ante las acusaciones de atentar contra valores democráticos individuales, pero su gobierno, tanto como muchos otros en estado de guerra (incluyendo civil), no pueden escapar a aquel debate que comenzó entre los intelectuales franceses del siglo 19 cuando el escritor Émile Zola, escribió su famoso artículo “Yo Acusó” (1898), sobre los excesos del poder en la democracia.
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