El tema es muy vigente, por lo cual, se justifica continuar analizándolo:
Erase una vez una nación dividida. Las dos mitades aspiraban a una vida de prosperidad, pero una se dejaba someter a los sueños utópicos de un proyecto totalitario, bajo el culto a la personalidad de un caudillo con delirios de convertir a su país en una superpotencia, mientras que la otra se obstinaba a vivir en plena libertad individual y con una institucionalidad que los defendiera ante los abusos del poder.
Erase una vez una nación sometida a un liderazgo prepotente que se autoproclamaba democrático, con un discurso nacionalista y anti-imperialista, cuando en realidad había profundizado su dependencia económica ante un imperio. Esa nación había sido sometida por el régimen de una pequeña isla cercana, y sufrió mucho ante esa dominación que no le permitió gozar de soberanía, y como ocurre en muchas historias de imperialismo, un cúpula de habitantes con poder, se sometió, por intereses políticos y económicos, a esa dominación, aunque utilizaba una supuesta retorica de patriotismo. Sin embargo, también hubo quienes lucharon contra ese poder abusivo, y por ende, eran calificados de “apátridas”, “traidores”, y varios epítetos despectivos, lo cual les significó privaciones y castigos de diversa índole.
Erase una vez un líder carismático que antes de morir proclamó a un sucesor ungido, y una mitad aceptó esa voluntad, pero otra, percibía con terror quedar bajo el mandato de ese incapaz heredero.
Es así como Corea del Norte y del Sur, que durante cuatro décadas dominados por el imperio de la isla nipona, quedo dividida en dos mitades, la del norte que vive sometida a una pesadilla totalitaria bajo una economía totalmente dependiente del actual imperio chino, y la del sur, que ha logrado en democracia obtener un alto grado de prosperida
¿O pensó Ud., que me refería a otra nación?
yo si pensé en otra nación.como tan pocas lineas pueden dejar a uno sorprendido