Con el anunció de la muerte de Hugo Chávez finaliza el conclave castrista-chavista, previo al del El Vaticano, que mantuvo un total hermetismo sobre la enfermedad del caudillo y la estrategia para que sus sucesores se perpetúen en el poder.
Desde que Chávez asumió la presidencia por primera vez, en 1999, tenía claro que quería pasar a la historia como una especie de reencarnación de Simón Bolívar. Luego fue adoctrinado por Fidel Castro y gradualmente tuvo que inventar un discurso incongruente para combinar el llamado “socialismo del siglo 21” y el bolivarianismo, basado en una figura sobre la cual Marx cuestionó sus supuestas heroicidades (ver http://www.marxists.org/espanol/m-e/1850s/58-boliv.htm). En un carta a Engels de 1858, Marx escribe que Bolívar fue “el canalla más cobarde, brutal y miserable. Bolívar es el verdadero Souloque” (cruento y delirante dictador de Haití).
Mientras a Hugo Chávez lo ensalzan a la categoría de un semidiós, es bueno saber que si bien el fallecido presidente citaba a Marx y a su dialéctica como parte esencial de la ideología bolivariana, el filósofo alemán nunca tuvo la visión idealizada de Bolívar del chavismo.

Tres leyendas de las muchas utilizadas por la contradictoria ideología chavista. En este caso: Cristo, Bolívar (quien fue cristiano pero también Masón) y Marx, quien fue ateo.
La manipulación de la enfermedad de Chávez por parte del conclave liderado por Fidel y Raúl Castro y los chavistas pro-castristas consistió en mantener un estricto secretismo para crear la ilusa esperanza de sus seguidores – llamando a rezos y vigilias por su salud, – con frases como la de Maduro: “Chávez dio su vida por el pueblo” o la acusación de que le inocularon el cáncer, que recuerda a la del caudillo contra la oligarquía colombiana del siglo 19 que “enveneno a Bolívar” (excusa para la exhumación de sus restos). Ese conclave de La Habana buscó reforzar una religión con Bolívar padre (Simón), hijo (Chávez), y el espíritu santo (el chavismo-castrismo), con el cual se espera que el país y el continente tengan un nuevo personaje mítico como el Che Guevara (un hombre violento percibido casi como un santo), o “Santa Evita” Perón (Tomás Eloy Martínez, dixit).
En una entrevista de 1993 el brillante dramaturgo venezolano José Ignacio Cabrujas decía sobre el mito de Bolívar: “La tradición histórica de esta república parte de un supuesto terrible. En 1783, nació en Caracas, un genio inimitable, un extraterrestre insuperable, una especie de carambola cósmica. La historia de Simón Bolívar, la que aparece en sus documentos, en sus cartas, en sus manifiestos, en sus consideraciones sobre la política de los primeros años del siglo XIX, no tiene nada que ver con ese semidiós inventado, fertilizado y a veces censurado por la Sociedad Bolivariana. Desde luego, el culto a Bolívar, la sacralización del Padre de la Patria, no es una potestad única de la Sociedad Bolivariana. Desde Guzmán Blanco (finales del siglo 19) para acá, no ha habido un presidente de Venezuela que no haya citado a nuestro gran personaje a la hora de cometer cualquier arbitrariedad”.

Con Chávez, sus mentores de La Habana y sus sucesores, se llegó al paroxismo de que la arbitrariedad fuese la de comparar a un presidente con chequera abultada por los petrodólares con un luchador que logró mucho con la única posesión de la tenacidad.

Carictarua de Edo
interesante análisis, gracias.
Excelente artículo! La estrategia de elevar a los dictadores a la apoteosis de dios (hacerlos dioses) nunca ha fallado a los dictadores (o fundadores de imperios). El motivo ya lo dio Maquiavello que aconsejaba que para persuadir a la multitud de cualquier empresa difícil (mi cuota: o agenda política del gobierno autoritario) no es posible a menos que el príncipe (ie Dictador en estos días) les muestre que están prescritas por (Dios Fidel, Dios Chávez…) o que al menos, se harán bajo sus auspicios.