Se desconoce con exactitud lo que dice el parte médico pero hay gran preocupación mundial por su salud y ciertamente, millones de personas lo extrañarán cuando sea lo que sea el paraíso (y si existe, no hay dudas que ese es su destino final), lo reciba.
Nelson Mandela o como lo apodan los sudafricanos Madiba (un título honorifico otorgado por los ancianos del clan Tata, al cual pertenece) recién fue dado de alta tras una infección pulmonar, pero aun su salud es delicada por lo que se mantienen una gran vigilia por el deseo de que viva mucho más de sus 94 años, aun cuando ya es inmortal como un referente de la lucha por los derechos humanos (DDHH) y por su resilencia (la capacidad de recuperarse ante la adversidad e incluso, a veces, transformar esa experiencia en una conducta positiva).
Luego de sufrir por décadas la persecución y prisión con trabajos forzados en la isla de Robeen durante 17 años del régimen de Apartheid (discriminación racial), Mandela convirtió a Sudafrica en una nación democrática, multirracial y tolerante luego de recuperar su libertad y convertirse en presidente desde 1994 hasta 1999.

Es fácil idealizar a varios luchadores por los DDHH, pero el caso de Mandela es similar al de pocas personas que sacrifican sus vidas por la libertad repudiando la violencia como lo hizo Gandhi liderando la lucha contra el imperio británico en la India por medio de la desobediencia civil, o recientemente Aung San Suu Kyi, quien enfrentó a la Junta Militar de Myanmar (Birmania), con métodos no violentos, hoy diputada del parlamento de su país tras varios años de privación de libertad. La trayectoria del ex prisionero número 466/64 de Sudafrica fue siempre coherente, y su discurso de no violencia y tolerancia se tradujo en hechos cuando estuvo en el poder, a diferencia de unos cuantos enfermos que quieren legar el imaginario de grandes epopeyas nunca ejecutadas y que muestran gran contradicción entre sus palabras en nombre del amor y la unión, cuando dividen con odio a sus pueblos.
Mandela debe inspirar a quienes se preocupan por la salud de un líder que, al no enfermarse de poder, el poder no lo enfermó a él.
¡Salud a y por Mandela!
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