El conflicto de Siria se va comienza a desbordarse hacia países vecinos como Turquía que acaba de recibir el espaldarazo de la OTAN para desplegar misiles a lo largo de toda su límite para ejercer su derecho a la defensa si el régimen de Bashar al-Assad continúa provocando o permitiendo ataques esporádicos al otro lado de la frontera. También el conflicto sirio ya sacude a El Líbano, alterando a sus comunidades religiosas dividas en su apoyo al dictador o a los rebeldes. Sin embargo, lo que ocurre en Siria es esencialmente una guerra civil y algunos analistas hacen un paralelismo interesante con la que padeció España entre 1936 y 1939.
Siria ha sido gobernada por décadas bajo la tiranía de Hafez Al-Assad (1970 a 2000) y de su hijo, Bashar, quienes al pertenecer a la minoría de la comunidad religiosa alauita (15% de la población), coparon cargos del régimen del partido único Baath, en el poder desde 1963, con su correligionarios, causando los primeros resquebrajamientos internos de ese sistema totalitario, y luego, el recelo de la mayoría sunita del país.

El gobierno de al-Assad, en su conflicto con Israel por recuperar las alturas del Golán que le fueron conquistadas en la guerra de 1966, y por sus nexos con el grupo islamista radical chiíta, Hezbolah, en El Líbano, mantiene una alianza con el también chiíta régimen iraní que lo apoya con presencia de soldados de la guardia revolucionaria de ese país; y luchan ahora contra rebeldes sunitas laicos, apoyados por Turquía, y fundamentalistas, financiados por Qatar y Arabia Saudita.

Ahmadineyad de Iran, Al-Assad y Nassaralah de Heabollah
Durante la guerra civil española la Unión Soviética de Stalin sostuvo una alianza con las facciones comunistas y anarquistas contra el ejército de Franco y falanges de extrema derecha, apoyadas por el régimen de Hitler y de Mussolini, cada uno buscando que el país cayera en su área de influencia (además de experimentar con sus armamentos que luego utilizarían en la II Guerra Mundial).

En Siria, uno de los tableros en donde se juega la guerra sunita-chiita que comenzó tras la muerte de Mahoma en el siglo 7, proliferan fanáticos de ambas ramas del Islam. Irán apoya a las facciones chiitas y al gobierno, mientras que Al Qaeda – la gran multinacional islamista sunita,- lo hace a sus grupos radicales que se desplazan por la frontera con Irak.
En el caso de Siria las democracias del mundo apenas auxilian a los rebeldes – varias recién reconocen formalmente a la oposición – pero no actúan con la coherencia y urgencia que la situación amerita, y a diferencia de España durante la guerra civil, casi no hay quién escriba, como varios que preguntaron “por quién doblan las campanas” (Hemingway, dixit), por una tragedia que en año y medio ha costado la vida de más de 40 mil personas.

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