En 1901 cuando se instituyó el primer Permio Nobel de la Paz, dos organismos internacionales y sus fundadores fueron los laureados: El Congreso Universal por la Paz establecido por el francés Frédéric Passy y el Comité Internacional de la Cruz Roja por el suizo Jean Henri Dunant. Desde entonces, si bien otras instituciones como la Fundación para la Protección de la Infancia de ONU, UNICEF (1965); la Organización Internacional del Trabajo, OIT (1989); las Fuerzas de Paz de la ONU (1988); la misma ONU (2001), entre otras, han recibido el galardón, la mayoría de éstos se han destinado a personajes que luchan por los derechos humanos.

Algunos cuestionan que el comité Nobel de Oslo honre a instituciones cuya razón de ser es velar por la protección de DDHH siendo esas sus funciones. Es ésta la primera polémica que suscita que lo reciba un organismo como la Unión Europea (UE), que sin dudas ha logrado un milagro histórico uniendo en un bloque financiero, comercial e incluso político a países de diversas etnias que en nombre de religiones, territorios e ideologías se aniquilaron durante siglos, conduciéndolos a coexistir en paz desde hace 60 años.

Nadie niega la grandeza del proyecto del bloque europeo, pero para muchos, no se le otorga un Nobel a una entidad que se constituyó con el fin de mantener la unión de los europeos pues entonces se podría premiar a repúblicas federales como Estados Unidos de Norte América o a México por mantener a sus provincias unidas y en paz entre ellas, por más de un siglo.
El Nobel a la UE luce para algunos como una recompensa abstracta y oportunista, pues consideran que se trata de una manera defensiva de reforzarlo simbólicamente ahora que padece la peor crisis de credibilidad desde su creación. El Nobel a la UE luce para algunos como una recompensa oportunista, pues consideran que se trata de una manera defensiva de reforzarlo simbólicamente ahora que padece la peor crisis desde su creación. ¿Sera la decisión del comité de Oslo una anticipación a un posible resquebrajamiento de la UE cuando países como Grecia y España confrontan a grupos de euroescépticos por la gravísima situación económica que los golpea, y cuando se acrecientan las protestas de grupos separatistas como los de Cataluña; Flandes y Valonia en Bélgica; la Liga Italiana en el norte de la bota europea; etc.?
Así como muchos piensan que el Nobel a Obama en 2009 buscaba apaciguarlo en caso de escenarios bélicos a futuro (cuestión que no lo amilanó); o que otros premios intentan presionar a los poderosos a otorgar la libertad de presos políticos como fueron los casos del polaco Lech Walesa (1983), la birmana Aung San Suu Kyi (1991) – el primero llegó a ser presidente de su país luego del colapso del comunismo y la segundo fue recientemente liberada y es diputada en el parlamento de Myanmar (Birmania), o el chino Lu Xiaobo (2010),- aun preso – el actual galardón luce como un premio para prevenir que algún país miembro decida salirse del bloque. ¡Una idea no novedosa pero noble!

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