El gobierno de Canadá decidió esta semana clausurar su embajada en Irán porque, según su canciller, la actitud de su régimen de no colaborar en las inspecciones de sus plantas nucleares; sus violaciones a los Derechos Humanos; su reciente envío de topas a defender al régimen de Siria; y sus constantes amenazas de “borrar del mapa a Israel”, aunado a un explícito antisemitismo en la declaración de tergiversación y negando a El Holocausto.
Esta decisión, que incluye la expulsión de diplomáticos iraníes de territorio canadiense, se da luego de que el país norteamericano ha retirado a 8 empleados de su embajada en Teherán. Algunos analistas afirman que la medida tiene una razón de fondo preventiva por el precedente de la arremetida de unos 100 manifestantes que atacaron la embajada británica en noviembre de 2011, o incluso, por el temor de que pronto ocurra un ataque de Israel a ese país. ¿Son lógicas estas especulaciones?
El primer ministro canadiense, Stephen Harper, fue un gran aliado de George W. Bush y desde que llegó al poder, en 2006, ha mostrado su apoyo a Israel, y sin embargo, no por eso descuidó el equilibrio geopolítico de Canadá en mantener buenas relaciones con naciones que mantienen tensas relaciones con occidente como Rusia, China o la misma Irán. Al igual que las 27 naciones de la Unión Europea, Canadá apoya la iniciativa de Obama para detener el intento iraní de construir armas atómicas (ya ni los países árabes ni musulmanes se creen la historia de los “fines pacíficos” de semejante proyecto que incluye dos reactores – Natanz y Quom – a unos 90 metros bajo suelo, y cuando el presidente Ahmadineyad ordenó este año construir cuatro plantas más para enriquecimiento de uranio).

Probablemente el gobierno canadiense presiente que la crisis económica, unida al malestar de buena parte de la población hacia los ayatolás que reprimieron al Movimiento Verde que en 2009 tomó las calles del país para protestar contra la manipulación de los comicios presidenciales que permitió la reelección a Ahmadinejad, pueda hacer estallar una crisis que conduzca al régimen de Teherán distraerla con ataques a sedes diplomáticas de naciones que aplican sanciones contra el país. Esta luce como una hipótesis lógica para la decisión abrupta de Canadá de retirar a todo su cuerpo diplomático de Irán, y luego de los asaltos de esta semana, por parte de islamista radicales, a las embajadas estadounidenses de Egipto y Libia (en la cual asesinaron a su embajador); la decisión del gobierno de Harper se vuelve aun más premonitoria.

Stephen Harper, presidente de Canadá
¿Será este el primer precedente para que otros países imiten a Canadá? En todo caso, es coherente que un gobierno que acusa a otro de ser una amenaza regional o mundial y ya lo somete a sanciones económicas, también lo ratifique con medidas políticas.
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