A propósito de la decisión del régimen cubano de permitir la emisión de canciones de Celia Cruz y decenas de cantantes prohibidos, por el régimen durante décadas, me permito reproducir mi artículo, “En el nombre del padre, el hijo y la cruz…” de julio de 2003:
¨Yo quiero cuando me muera / que me pongan mi sombrero / por si acaso en el camino / me coge algún aguacero¨. (Compay Segundo en sus inicios con el duo Los Compadres).
Cuando la muerte visitó a Compay Segundo en días recientes, el aguacero de reconocimientos que lo empapó no podría ser contenido ni por el más amplio sombrero. Compay nunca se inmiscuyó en la política de su país, pero la proyección de la película ¨Buena Vista Social Club¨, reveló al mundo, no sólo las miserables condiciones de vida de una generación de artistas que fundaron la música tradicional cubana, sino también, hasta cuanto este género había sido relegado por la Nueva Trova (Silvio, Pablo y otros talentosos apóstoles de la revolución, obligando a esta generación a tocar en lúgubres clubes y albergues, ganándose la vida en otros quehaceres. El Padre del son no necesitó hablar, como sí lo hace incesantemente el soberbio “hijo” de la revolución, Fidel (un Caín que se encargó de sacar del paso a cualquier Abel que le pudiese disputar su protagonismo), para mostrar una parte de la realidad cubana.
“Tongo le dio a Borondongo / Borondongo le dio a Bernabé / Bernabé le pegó a Muchilanga…¨.
Celia Cruz, la reina de la Salsa, pocas veces habló sobre Castro, pero su rotundo mensaje político lo dio temprano en 1959, cuando la Cruz junto a los músicos de la Sonora Matancera, uno a uno, “pegaron la idea” – como Tongo a Bernabé y éste a los demás – de no volver a la isla tras una gira en Méjico. Poco después, ya como ciudadana norteamericana, la guarachera manifestó que no retornaría a su patria hasta la caída del régimen. La muerte no le permitió su reencuentro con Cuba y aunque está prohibido transmitir su voz por la televisión o radio estatal cubana, hace tres años su canción ¨El Carnaval¨ fue difundida en la isla por cantantes visitantes, logrando mantenerse con el mayor índice de popularidad por largo tiempo. La Cruz finalmente ¨le dio¨ a al castrismo porque aunque suena a cliché, es así: la música no tiene fronteras.
Compay simboliza el son de la Banda Matamoros, Celia Cruz la alegría de la Sonora Matancera y Fidel las postrimerías de un régimen Matametas, como la meta de Compay de una vida digna como artista o la de Celia, de un regreso a su patria con los honores que le correspondían. Parece ser que a la larga, las revoluciones por minuto de los discos de Compay y Celia, aunque sean en CD y Láser, aguantaran los embates del tiempo más que la revolución por casi medio siglo de Fidel.
pero que bonito escribe usted. Y aparte aprende uno. Saludos de Guanajuato Mèxico