Una de las anécdotas más famosas de cualquier Olimpiada realizada desde 1896 cuando se inició la era moderna de estas competencias es la del atleta Jesse Owens, el atleta estadounidense de raza negra, quien obtuvo 4 medallas de oro en los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936, cuando el régimen Nazi pretendió demostrar, no solo su majestuosidad en la organización de los juegos, sino también, y en especial, la supuesta “superioridad racial de los arios” sobre otros pueblos, especialmente judíos, mestizos y negros.
A Hitler le salió el tiro por la culata cuando Owens derrotó en tres competencias de carreras a los atletas alemanes, pero aun conservaba la esperanza que el campeón europeo de salto largo, Carl “Lutz” Long, derrotaría al estadounidense.
La versión más difundida lo largo de la historia cuenta que durante la competencia de salto de longitud Hitler permaneció en el estadio esperando ver duelo Long vs. Owens, que todos esperaban. Luego de que los jueces anularon los dos primeros saltos de Owens (uno de ellos, injustamente como claramente se observa en las cintas fílmicas de la época), ocurrió algo imprevisto: Long se acercó a Owens poco antes de su último intento y le aconsejó que se elevase varias centímetros atrás, y luego (y esta es la parte de la historia que algunos consideran exagerada), dejó caer una camiseta al lado del lugar en donde su contrincante debía saltar. Fue así como el atleta estadounidense, tomando como referencia la prenda del germano pasó a la siguiente fase en la que ya, con jueces diferentes, ganó y estableció un nuevo record mundial. Long se atrevió a felicitar a Owens alzándole el brazo y lo acompaño a los vestuarios para impedir cualquier acto hostil en su contra.
VER:
http://www.youtube.com/watch?v=RNObbhElBTY&feature=related
y
http://www.youtube.com/watch?v=JfrCd7Cqlaw
En la II Guerra Mundial, Carl Long fue reclutado por el ejército de su país, y en una carta enviada a Owens le confesó: “tengo miedo, no solo de morir, sino de morir por una causa injusta” y le pidió “a mi único amigo fura de Alemania” que, si algo le ocurría, algún día visitara a su esposa e hijo. Poco tiempo después, el héroe “olímpico” (por virtuoso), falleció a consecuencia de heridas en una batalla en la cual, se debate hasta hoy en día, si por órdenes de Hitler se le abandonó a su suerte. Owens cumplió con la petición de su amigo y visitó a su familia a quienes le expresó: “Se podrían fundir todas las copas y medallas que he ganado, pero no valdrían tanto como la amistad de 24 quilates que tuve con Lutz Long en ese momento».
Algunas personas que conocieron a Owens ponen en duda la total veracidad de esta historia, pero aun si hay exageraciones, la amistad entre ambos no solo queda comprobada en su correspondencia epistolar, sino, en los encuentros esporádicos entre sus nietos, como ocurrió en 2009 cuando se hizo una exhibición sobre Jesse Owens en Berlín.

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