Perú celebró sus fiestas patrias con solemnidad a pesar de que su presidente, Ollanta Humala, ha estado expuesto durante años a una ideología delirante, el etnocacerismo, que mezcla mitos del imperio inca, propuestas racistas sobre la superioridad de los cobrizos y una apología al militar y ex presidente Andrés Avelino Cáceres, quien se destacó en la resistencia de la sierra central contra el ejército de Chile durante la guerra del Pacífico (1879-1883). Esa misma semana, a propósito del aniversario del natalicio de Simón Bolívar, Hugo Chávez insistió en su delirio con El Libertador mostrando una imagen en tres dimensiones que, supuestamente, demuestra que el prominente miembro de la oligarquía caraqueña “fue mestizo y de nariz profusa”. Cierto o no, el presidente venezolano continúa con una larga tradición de manipular la memoria histórica del héroe de la independencia sudamericana, junto a San Martín, que lo condujo a exhumar sus restos del Panteón Nacional con el pretexto de confirmar sus sospechas de que Bolívar fue envenenado por sus opositores de la Gran Colombia (¿suena familiar para alguien que ha dicho decenas de veces que intentan asesinarlo sin haber dado una sola prueba?).

Exhumación de los restos de Bolívar en julio de 2010
Conmemorar las glorias de las figuras resaltantes de la independencia de un país es algo común y loable para el rescate de su historia, pero en América Latina se usa y abusa de personajes públicos del pasado de acuerdo a los proyectos ideológicos y personalistas de muchos de sus aspirantes a caudillos. El caso de Bolívar es obvio con casi todos los presidente venezolanos previos a la era democrática (1958-1998), y desde un presidente de finales del siglo 19, Guzmán Blanco, no hubo ningún otro que llevara al paroxismo su deseo de presentarse como el continuador de la obra, o incuso, reencarnación de El Libertador. Pero el problema no es exclusivo de Venezuela. Están los ejemplos del violentísimo Che Guevara como una insignia casi mundial de protestas por la paz o por agendas sociales cuando existen tantos genuinos revolucionarios como Gandhi, Martin Luther King, Mandela, etc.), o la exaltación a Fidel, único dictador recibido en alfombra roja en todo el mundo.

En este continente exportador de mitos bienvenidos por algunos políticos del mundo, Cristina Kirchner también aprovechó para desempolvar, de nuevo, el de Eva Perón (retratada magníficamente en el imaginario de su nación por el escritor Tomás Eloy Martínez en “Santa Evita”, en 1995), y presentó una edición especial de un billete de 100 pesos con el rostro de fallecida primera dama. Kirchner anunció que pediría cambiar, paulatinamente, a este billete, despojándolo de la imagen del ex presidente Julio Argentino Roca, y aseguró que un empleado de la Casa de la Moneda escondió un billete así detrás de un mueble y años más tarde fue encontrado durante tareas de remodelación de este edificio.

Más serio, pues no es demagógica ni anacrónica, es el debate que se da en los medios de Estados Unidos por la segunda enmienda de su Constitución, (un documento percibido por sus ciudadanos como cuasi religioso), que otorga el derecho individual de portar armas. La reciente tragedia de Aurora, Colorado, vuelve a poner en el tapete cuan lógico es hoy, en un país con frecuentes masacres similares a la perpetrada en una sala de cine, que cada estado del país tenga derecho sus regulaciones para la compra de armas Los partidarios de la segunda enmienda (más allá de aquellos políticos que responden a los intereses del poderoso lobby de la Asociación Nacional del Rifle), insisten en que este derecho, redactado por los fundadores de la patria, Madison y Hamilton, es “sagrado” pues los ciudadanos y los estados tienen derecho a formar milicias si alguna vez un gobierno central se convierte en una tiranía, mientras que los críticos a esta interpretación de la enmienda, con toda razón, argumentan que eso no está planteado hoy, pero aún si se ocurriera, no justifica la venta de armas semiautomáticas y otras sofisticadas que deben estar solo en manos de los servicios de seguridad del estado.
El pasado, en forma de mito o de cuestionar su aplicabilidad a nuestros tiempos, nos alcanza, y en Latinoamérica, con los fantasmas del caudillismo.
Artículo del humorista Laureano Márquez en la edición de Tal Cual del 27 Julio, 2012
http://www.noticierodigital.com/2012/07/el-bolivar-este-y-el-bolivar-aquel/
Editorial- Humor en serioLaureano Márquez
Tal Cual/ ND
El Bolívar éste y el Bolívar aquél
Qué cosa tan divertida esta campaña electoral en la que el debate no es sobre el futuro del país, sino sobre el pasado que vendrá. Avanzamos en retroceso, nuestro mañana son recuerdos. Nuestro objetivo inmediato la independencia. He aquí una lista de los temas más relevantes de nuestro debate político: ¬Cómo era realmente el rostro de Bolívar (poco importa si seguimos su ideario o no, sino el tamaño de las patillas).
opinan los foristas
¬Establecer si el Libertador fue asesinado (todavía no están claros los asesinatos del 11 de abril, pero sí sabemos que Santander andaba en una vaina).
¬Indagar si el Padre de la Patria era afrodescendiente (en consecuencia, yo soy más Bolívar que tú).
¬Bolívar no nació el 24, él celebraba era el 25 y pudo haber nacido en Capaya (¿Se seguirán alumbrando en Capaya como en tiempos de Bolivar?) ¬Diferenciar claramente que Capriles es de los Bolívar malos, que nos enteramos que también los había (de hecho la maldad puede también ser retroactiva y la de Capriles contamina a sus antepasados).
¬Determinar hasta dónde llegó la participación de Capriles Radonski en el derrocamiento de Cipriano Castro, porque sus antepasados estaban involucrados… cuidado con esa línea de los Bolívar, bebían aguardiente y les gustaba el juego, como al 87,6% de nosotros.
En fin, visto el camino que toma la cosa, sugerimos que se incluyan otros temas de angustiante importancia: ¬¿Era de origen alemán el Afrodescendiente Primero, mal llamado por la burguesía apátrida y racista “Negro Primero”? ¬¿Es verdad que Boves era agente de la CIA y que no murió en Urica, sino que se fue a Miami y compro un apartamento en Miami Beach? ¬¿Es cierto, como se rumora, que Páez en su viaje a Nueva York llevaba un alijo de drogas en su equipaje? ¬Miranda y el vello púbico, un punto no suficientemente discutido de nuestra historiografía.
¬¿El pleito de Carujo con Vargas fue porque el médico se negó a prescribirle Viagra?
¿Evo Morales es tataratataratataratatara… nieto de Sucre, ex presidente de Bolivia? ¬¿La canción de “María Antonia” que canta Gualberto Ibarreto está dedicada a la hermana de Bolívar? ¬¿La batalla de Carabobo fue realmente en Carabobo o del lado de acá del túnel de La Cabrera? ¬¿Es cierto que Stalin era hijo natural de Gómez con una malabarista de un circo ruso que fue a Colombia y el bagre la malogró? ¬¿Diógenes Escalante perdió la razón porque vislumbró mirando al Ávila lo que se le avecinaba al país? En fin son muchos los temas para la discusión de la Venezuela que queremos. Pero, en el fondo de todo esto, está la evidencia de que el gobierno y su conductor perdieron, desde hace rato, el control del debate.
Es que de cierto tiempo a esta parte, todo le sale mal. Está como la oposición hace algunos años, cuando todo se volvía en su contra. Los tiempos cambian y la historia es también embriaguez y lotería, como Fernando Bolívar. Qué vaina: venirse a corroborar que Capriles es descendiente del Libertador, justo cuando se exhibe su fotografía, una confluencia de revelaciones que no deja de ser reveladora, aunque venga del lado fascista de los Bolívar. La verdad que de cierto tiempo a esta parte, Esteban no hace sino responder y mal, como las misses que se enredan en la ronda de preguntas. Perdió el control de la agenda, del lenguaje, los sobrenombres ya no calan.
Bueno, la suerte cambia y a veces se vira la cosa, como dirían los cubanos. De todas maneras, afecto, como dicen las malas lenguas que es el susodicho, a las curaciones mágicas, nada le cuesta probar con la que hizo célebre al papá del presidente Julián Castro, una pócima que según decía la Caracas de entonces, daba buena suerte a todo el que se la untara. Quién quita que en el archivo de Miraflores esté la fórmula, el nombre era: “la tacamajaca `e `ño Leandro”, un buen tema, por cierto, para el debate sobre el futuro de la salud de los venezolanos.
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