La guerra civil de Siria ha entrado en una fase que, según la mayoría de los expertos en la organización institucional, política y confesional de ese país, pronto obligará al dictador, Hafez al Assad, a dejar el poder, o a utilizar todo su arsenal, incluyendo armas químicas, para aniquilar al enorme conjunto de grupos variopintos que lo enfrentan.

Ningún país es comparable a otro y por ende, no se puede avizorar si el fin del cruel tirano y del partido único Baath, antes pro-soviético y ahora pro-Putin (una de las muchas razones por la cual la potencia eslava lo apoya), será similar al de Muammar Gadafi, y sin embargo, el reciente atentado contra la Oficina de Seguridad Nacional del gobierno que causó la muerte del actual y un pasado ministro de defensa, del viceministro de esa cartera, Assef Shawkat (cuñado de al Assad), y recientes deserciones de funcionarios de alto nivel, parecen indicar que la pequeña cúpula de la comunidad religiosa alawita se va quedando sola.
Los alawitas son una comunidad religiosa del Islam cuya proporción no llega al 20% de la población siria y sin embargo, detentan el poder desde 1970, cuando Hafez el Assad tomó el poder y tras su muerte en 2000, se lo cedió a su hijo. Desde entonces, el partido Baath fue copado por alawitas, que junto a una pequeña elite de la mayoría sunita, han consolidado el poder de la familia al Assad en cuatro décadas. Una síntoma de la resquebrajadura de esta alanza es la deserción reciente del ex general de brigada Manaf Tlass, hijo de un ex ministro de defensa y amigo de infancia del actual dictador, quien al igual que varios otros funcionarios de alto rango como el ex ministro sirio en Irak, Nawas Fares, han alertado sobre la alta peligrosidad de que el gabinete pueda considerar la utilización de armas no convencionales contra los resistentes.

Mapa con proporciones de comunidades religiosas en Siria del websit
http://www.washingtonpost.com/world/the-ruling-minority-sect/2012/02/25/gIQAja5daR_graphic.html
Para quienes defienden a al Assad en el nombre de la supuesta soberanía cuando un gobierno poderoso masacra a miles de inocentes, las palabras de Fares a la cadena Al Yazira, resumen la tragedia siria: «¿Dónde está el honor en matar a los compatriotas? ¿Dónde está la lealtad nacional? La nación es todo el pueblo y no una persona en particular», afirmó. «La lealtad es hacia el pueblo y no a un dictador que mata a su pueblo».
Es claro, como sucedió en Libia con Gadafi, que al Assad está dispuesto a cometer atrocidades a gran escala que haría lucir a las actuales como “experimentos”. Si occidente sigue durmiendo la siesta, el tirano sirio seguirá en el poder sobre los cadáveres de masas de resistentes y civiles, o Siria estará a merced e Al Qaeda o Irán. ¡Ya el juego de ajedrez va avanzado para los guerreros islamistas sunitas y chiítas!

Deja un comentario