En 1898 uno de los primeros dadaìstas, Alfred Jarry, escribiò «Gestas y opiniones de Doctor Faustroll, patafìsico», novela que fue publicada, postumamente, en 1911. En 1948, un grupo de surrealistas franceses que admiraban a Jarry fundaron el Colegio de Patafísica – entre ellos escritores vanguardista y de la literatura del absurdo como Jean Genet, Eugéne Ionesco, Boris Vian, etc. – para propagar la doctrina patafìsica del “estudio de las soluciones imaginarias y las leyes que regulan a las excepciones”.
Este divertimento, que define a la realidad como anormal y por lo tanto, la regla es lo extraordinario, se refunda cada vez que en nuestros tiempos, políticos y – lo que los periodistas suelen calificar de “los especialistas” (¿de qué?), – intentan convencer a sus audiencias sobre “guerras justas”; terrorismo como una legítima “lucha asimétrica”, sobre “revoluciones pacíficas, pero armadas” (Hugo Chávez, dixit); con una serie de eufemismos orwellianos o explicaciones estrafalarias.
Fue patafísica la explicación de los senadores paraguayos que destituyeron en un juicio precipitado a Fernando Lugo de la presidencia paraguaya – aunque fue absolutamente legal y constitucional el accionar – pero más patafísica fue Mercosur con su arbitrarias y rauda sentencia al gobierno de facto de Paraguay, suspendiendo temporalmente a ese país del bloque comercial sudamericano con una solución imaginaria que contradice el artículo 4 del protocolo de Ushuaia (ratificado en febrero en enero de este año), que exige textualmente: “En caso de ruptura del orden democrático en un Estado Parte del presente Protocolo, los demás Estados Partes promoverán las consultas pertinentes entre sí y con el Estado afectado”. Pues bien, el estado afectado, Paraguay, no tuvo ningún representante en la reunión de Mercosur en Mendoza, ni de Lugo ni del gobierno de Franco.
También, precipitadamente, tres presidentes de países miembros de Mercosur: Kirchner, Mujica y Rousseff, sin seguir los reglamentos de la institución, permitieron el acceso de Venezuela (los tan necesitados petrodólares a cambio de muchos productos carentes en ese país cuya industria nacional está por los suelos), y desdeñaron un estatuto básico de su documento fundacional, el Tratado de Asunción de 1991, el cual establece en su artículo 20 que las solicitudes de adhesión de terceros países tienen que ser votadas por decisión unánime de los estados del bloque (¡y Paraguay está suspendida temporalmente, no expulsada!). En otras palabras, lo legal y lo lógico, era esperar hasta que asuma el nuevo gobierno resultante de las futuras elecciones paraguayas para votar por el ingreso a un nuevo estado al ente comercial.
Mercosur adoptó resoluciones ilegales e ilegitimas en el caso de la crisis paraguaya demostrando que para justificar decisiones ideológicas, no hay nada mejor que actuar bajo la lógica de la ilógica, es decir, haciendo de las excepciones, reglas, como los patafísicos. Así las cosas, los juzgadores del caso paraguayo han hecho un juicio político más precipitado e ilegal que el de aquellos a quienes critican. “Golpe patafísico”, en un diccionario surrealista.



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