Yulia Timoshenko era una conocida empresaria del negocio del gas en Ucrania que 2004 apoyó al candidato Viktor Yushenko, y juntos lideraron la “Revolución Naranja” contra el fraude del régimen pro ruso del presidente Viktor Yanukovych. A raíz de este movimiento de protestas masivas, el Tribunal Constitucional de Ucrania (TCU) cambió el sistema político para otorgar más poder al parlamento y algo menos al presidente, anticipando que en la repetición de los comicios ganaría el candidato opositor.
En 2006 Yushenko asumió la presidencia y Timoshenko se convirtió en su primera ministra hasta que ocho meses después debió abandonar el gobierno por denuncias de corrupción. Tras una importante votación de su partido en elecciones parlamentarias de 2007, y sin cargos en su contra, Timoshenko volvió con vítores al cargo de premier en el cual estuvo hasta 2010 cuando Yanukovych le ganó al otro Viktor los siguiente comicios presidenciales y su gobierno la acusó de haber firmado un contrato de gas con Rusia, considerado desfavorable para los intereses de Ucrania. Entonces el parlamento la destituyó y el 11 de octubre de 2011 una corte la sentenció a 7 años de prisión.
En 2010 con el retorno del pro-ruso al poder, el TCU volvió a modificar las reglas de juego político devolviendo los antiguos poderes al presidente (ahora menos dependientes del parlamento), y por eso la oposición, incluyendo a Yulia Timoshenko, lo acusan de estar confabulado con este tribunal y otros poderes del estado para garantizar una alianza con Putin. Para la Unión Europea (UE) y Estados Unidos, el arresto de Yulia Timoshenko tiene tintes políticos, y aseveran que en Ucrania se aplica una “justicia” selectiva contra líderes del gobierno del Viktor Yushenko.
En abril, la prensa ucraniana mostró fotografías de Timoshenko con varios moretones en el cuerpo y en señal de protesta ante estas agresiones en la prisión ella inició una huelga de hambre que la mantiene en condiciones muy frágiles. El gobierno asegura que la ex premier de 51 años “se auto-infligió para causar un escándalo” y se niega a que sea tratada en el exterior como ofrecen líderes de la UE. Yulia Timoshenko es una figura controversial, pero también es obvio que poder judicial dejó de ser autónomo con Yanukovych, y por este caso, Ucrania ya pagó un precio político cuando en mayo se anuló una cumbre de países de Europa del Este en Yalta. El siguiente boicot será el de los dirigentes de los países de la UE, y sus funcionarios principales a la Eurocopa Polonia-Ucrania.
Quizá algunos periodistas que no solo se dedican al deporte aprovechen la estancia del festival de futbol europeo para hacer algunos goles a favor de la libertad de Yulia Timoshenko. ¡Amén!



Deja un comentario