http://grumberto.blogspot.com/2012/03/cuarentones-por-fuera-quinceaneros-por.html
Hace unos cuarenta años jugábamos baseball, fútboll, y también todo tipo de replicas de realidad (bowling en el club Puerto Azul, incluyendo hacer la cola para tener cancha disponible sin tener que esperar) y de programas de televisión como “Viaje al fondo del Mar”, en nuestro edificio de la urbanización Alta Florida de Caracas, mucho antes de que mi hermano Ernesto, y el hermano de mi veci-amigo Dani, Henry, se fueran a vivir a la otra Florida, la del sur de Estados Unidos.
Hasta hoy, los niños Segal y Grunberg mantienen la amistad intacta, con el barniz que otorga aquello que otras relaciones no logran cuajar: códigos de infancia y adolescencia compartidos, que cuando se vive en dos apartamentos de un pequeño edificio de seis, y uno está al lado del otro, nos permitió conocer la intimidad infantil entre nosotros. Henry, Ernesto y Dani son (y muy en especial, en el caso de Dani conmigo, seguimos siendo), hermanos de edificio y de centenares de experiencias, juegos y travesuras compartidas.
Como cuenta Dani en su blog “De Santiago a Estambul (and in Between)” nuestro viaje a Nazca junto a un amigo de infancia de Dani, y otro de trabajo – a quienes conocí bien porque no había amistades que pudiésemos tener ambos sin que el otro las conociera en 20 años de complicidad – hizo que nuestra verdadera esencia de quinceañeros por dentro nos hiciera olvidar la edad cronológica de cuarentones por fuera, y nos divirtiéramos como si el tiempo se hubiese congelado y la geografía no nos hubiese distanciado. Es casi imposible no amistarse con aquellos con quien Dani se encariña, y más difícil, decir “no” a sus generosas invitaciones por más que uno esté ocupado o inicialmente, algo asustado, en seguirlo en algunas de las aventuras que propone (puedo imaginarme ahora a Dan, con sus ironías, o a Alberto, con sus salidas humorísticas, preguntándole si su próximo viaje será para “ver a los únicos osos hormigueros del mundo, fóbicos a las hormigas, en las islas Socotra, ” o “si hará submarinismo en el Mar Muerto”, o “si participará en un maratón en la pequeña isla de Kaffeklubben – llamada también Isla del Club de Café- al noroeste de Groenlandia”.
Para fortuna de Dan, Alberto y la mía, el viaje al sur de Lima por la Laguna de Huacachina, en donde disfrutamos como aventureros en las dunas que la rodean, y luego a la enigmática Nazca, la de las líneas milenarias que no sabemos cómo y por qué esa comunidad indígena las elaboró (ver http://grumberto.blogspot.com). No fue difícil organizar el viaje porque el destino ha hecho que Dani, Dan y yo coincidamos con frecuencia en Lima y Alberto vive en Caracas pegó «el salto» a Perú para unirse al reencuentro descrito por Dani en su web.
Dan reside la mayor parte del tiempo en Lima y viaja frecuentemente a Miami y conoció a Nicanor a través mío, convirtiéndose desde entonces en su taxista de confianza y su “mejor amigo” del Perú. Por eso, el bonachón y diligente Nicanor ya es parte de todo proyecto de viaje que nos planteamos, como lo es el l eventual y aun pendiente “Cajamarcazo”, viaje que nos proponemos realizar algún día por su provincia natal de Cajamarca y conocer la casa y la chacra de su familia, entre otras cosas.
Así, inspirados por el alma aventurera de Dani, la capacidad organizativa de Dan, la disposición a hacer (¡y comer!) cualquier cosa, sin aviso, de Alberto, la destreza al volante de Nicanor, entusiasmado de ser un miembro igual al resto de los “cuarentones quinceañeros” y yo, con muchas ganas de relajarme luego de un viaje arduo de trabajo a Venezuela – y supongo que para sorpresa de mis amigos, entregado a las exigencias del viaje menos a la de sobrevolar Nazca – se dieron todos los ingredientes adecuados para la estupenda experiencia que vivimos.
Lo difícil de transmitir de esos maravillosos días es, no solo como nuestras almas quinceañeras fluyeron sin ningún filtro como si el tiempo no avanzara, sino, el efecto terapéutico del humor y los buenos chistes que en varios casos nos hacían reír a carcajadas hasta producirnos retortijones, y esa complicidad que solo comparten quienes conocen detalles y secretos de sus amigos, no para mofarse sino para bromear sanamente y en ocasiones, conversarlos con seriedad.
Dani ha hecho una narración magistral en su web sobre los lugares que visitamos, y nos ha descrito muy bien, pero quiero agregar algo más sobre Alberto («¡no hay nadie como él en todo el mundo!», nos decíamos Dani y yo en varias ocasiones). A pesar de haber vivido muchos momentos difíciles que a otras personas los habrían posado en una cama y los amargaría, Alberto toma la vida como viene, no se detiene en malos recuerdos ni se limita por las dificultades que le causan unas cuantas operaciones a las que se ha visto sometido, y más bien, le canta a la vida con una sencillez, humor y bondad, que de por sí, es un viaje al fondo de la resiliencia y de la riso terapia.
Quizás, todos tenemos algo de «personajes» (sí, entre comillas), pero entre todos destaca Alberto, a quien hace mucho los tres queríamos ver y solo esperabamos el momento en que todo encajara para recibirlo en Perú.
Y así, fluyó, junto a nuestra «arenalina», una experiencia inolvidable para los cinco.
Fotografias del blog de Dani: http://grumberto.blogspot.com/2012/03/cuarentones-por-fuera-quinceaneros-por.html





Es bueno pasarla bien, reír despreocupadamente como cuando se es bien jovencito, sin conocer de problemas ni preocupaciones, solamente los estudios y portarse bien. Es bueno olvidarse del estrés que cotidianamente acecha nuestras vidas. Me alegro que decidiste ir porque lo has disfrutado tanto que contagias.