En su blog De Santiago a Estambul (and in between), exactamente en la entrega http://grumberto.blogspot.com/2012/02/el-pino-con-ramas-de-mango-y-otras.html mi veci-amigo Daniel escribió una crónica sobre su relación con Carmen, una mujer humilde que trabajó durante 35 años como empleada doméstica y nana de él y su hermano Henry (supongo que la mayor, Vivian, ya la conoció cuando se acercaba a la adolescencia).
En la Venezuela de hace 30, 40 años, la mayoría de nosotros – los de la clase media – teníamos empleadas a las cuales tratábamos como familia, cuestión que ahora que conozco otros países latinoamericanos, es excepcional, pues de alguna manera y en el mejor de los casos, el trato hacia ellas es muy impersonal y dar muestras de cariño, integrándolas a la familia, es «políticamente incorrecto».
En mi casa trabajaron varias señoras y señoritas, desde Ermita que nos llamaba a mi hermano y a mí, «mi rey», con su acento de España, pasando por Francisca que me jalaba los pelos cuando hacía travesuras (y también cuando mi hermano le hacía creer que era yo el travieso, como aquel día que el toco el timbre del apartamento varias veces y se escondió, de manera que cuando llegué yo a la puerta, Francisca pensó que yo fui el culpable y me dejó sin varios cabellos). Sin embargo, es Arcelia, oriunda de Colombia, quien estuvo más de 10 años en casa.
Arcelia era menudita, solterona y felizmente resignada a su vida sin amores pasionales, que apenas entendía cómo funciona el mundo. A menudo, Dani y yo comentábamos sobre su ingenuidad que apenas le hacía entender lo mínimo de la geografía básica que le permitiera entender por qué mi hermano, Dani y yo, nos alejamos de Venezuela a distantes lugares y no veníamos frecuentemente a visitar a nuestras familias.
La contradicción, es que Arcelia llegó a Caracas desde un pueblo al sur de Colombia (si recuerdo bien, Santa Fe del Sur), junto a su hermana Avelina, que por trabajar para mi abuela, la llamábamos «Abuelina».
Ambas eran dos seres descontaminados totalmente de la tecnología, del materialismo, del conocimiento de libros, de mínimos contextos, y por supuesto, a Arcelia le resultó muy difícil comprender que tan lejos estaba Israel o Philadelphia cuando me fui de casa y por qué quería estar allá. Pero siguió en el departamento junto a mis padres, y cada vez que yo llamaba, conversaba con ella, pues ella era parte de la familia. Como muchos venezolanos, antes de visitar Caracas, buscábamos un buen regalo para aquellas abnegadas mujeres que vivían y compartían con nuestras familias, mujeres que se volvían confidentes de nuestras madres, sin realmente captar hasta que punto cumplían una labor psicológica para minimizar algo de la soledad natural al tener a sus hijos en el exterior.
Arcelia se llevaba muy bien con Carmen, la del apartamento de al lado, empleada de Dani, mi vecino. Yo adoraba a Carmen porque la conocía desde que tengo uso de la razón. En cambio, la dinámica de Dani con Arcelia era diferente: se veían a los ojos y sin razón alguna a Dani le daba un ataque de risa y Arcelia reaccionaba sonrojándose y se escondía en su habitación porque le avergonzaba que la viéramos riéndose. Luego volvía a la cocina, y su mirada se encontraba con la de Dani, nuevo ataque de risa, nuevo intento infructuoso de Arcelia por no reír y otra vez ocurría esa dinámica saludable e innecesaria de analizar para los tres.
Hasta hoy en día, cuando visito Venezuela, intento llamar a Arcelia a su pueblito en Colombia, pero no es fácil conversar con ella porque no hay línea de teléfono en su hacienda, y se debe intentar programar una hora fija. Sin embargo, últimamente no hemos logrado que le llegué el mensaje. Con Carmen, la «segunda mamá» de Dani, me encuentro cuando visito Valencia y conversamos un rato, y suele acompañarme mi primo Meyer, que vive en esa ciudad y también la conoce desde la infancia.
En la Residencia Alta Florida (no confundir con Edificio Alta Florida), Arcelia por menos tiempo y Carmen, por mucho más, eran parte de las familias Grumberg y Segal, cuyos apartamentos estaban juntos en el segundo piso, y en donde Ariel, mayor que Dani cronológicamente, pero hermano menor en lo emocional, pasábamos mucho tiempo en uno u otro lado de la pared que separaba la intimidad de ambos hogares (aunque a veces, por el conducto en donde se lanza la basura, Dani empujaba con una escoba la pequeña compuerta desde donde nosotros lanzábamos la nuestra, y nos comunicábamos directamente por esa cavidad «secreta» y maloliente)
Me alegró leer en el blog de Dani la visita que hizo a Carmen en Naguanagua, Valencia, y recomiendo a todos quienes me leen, también leerlo en su blog, pues es una lección de amistad por encima de las clases sociales y los prejuicios aun vigentes en muchos lugares, y lastimosamente, en la Venezuela de hoy, que desde el poder se incita al odio entre los que más y menos tienen.

Arcelia, mi exesposa Mery, mi hermano Ernesto, su hija Adriana, yo, mi mamá Alicia y Lorgia, que venía semanalmente a planchar y luego que se fue Arcelia, a limpiar una vez a la semana.
Venezuela volverá a estar bien, no cuando se acaben las tentaciones totalitarias y la polarización política actual, sino especialmente, cuando las nuevas generaciones puedan sentir apegos como el de Arcelia y Carmen con las familias a las que se integraron. Ellas no fueron empleadas, fueron familiares que ejercían su labor de vida en nuestros hogares.
No dejen de leer sobre Carmen y Dani en:
ttp://grumberto.blogspot.com/2012/02/el-pino-con-ramas-de-mango-y-otras.html




GUAAAOOOOO!!!!!!! Soy el mencionado hermano de Ariel. Obviamente que como vividor de dichas experiencias pasadas tan bien narradas por Ariel y Dani, se me pararon los pelos de la emocion……Muy cierto » the good old days» en Venezuela fueron maravillosos . Nuestras empleadas fueron nuestra familia, mi propia hija Adriana , ya tercera generacion de dicha familia, pudo disfrutar de los magnificos cuidados de Arcelia, quien la queria muchisimo, y quien precisamente por su ingenuidad y su bonita alma, mi hija Adri siendo una bebita, siempre queria estar con ella, puesto que son los ninos pequenos quienes pueden ver y sentir a travez de las personas y apegarse a los buenos y mas puros seres humanos. Siempre recordare con mucho carino y nostalgia a Arcelia ( sobre la cual siempre dije , que despues de la madre Teresa de Calcuta….estaba Arcelia…..) , y a Carmen……y ahora de adulto les se agradecer la enorme paciencia que nos tuvieron. Bravo a Ariel y a Dani por recordarnos tan bellos momentos de nuestras vidas y resaltar a los seres humanos buenos y sencillos que realmente trascienden…..
Y nunca olvidemos a «fulana de tal» nuestra querida negrita de Barlovento Lorgia….que D- S las cuide a todas ellas……
Ernesto Segal
Quien no se acuerda de Abuelina y Arcelia… Nada más vi la foto de Carmen, recordé un montón de cosas, fue un back to the future, me acuerdo en el jardín del edificio jugando beisbol y mi gran orgullo y aportación al juego, era buscar la pelota, cayera donde cayera, ilusa de mí, jajajaja
Tamién recuerdo de llamar desde el exterior a saludar en alguna de las fiestas sea a tu casa, o a casa de Aboila ymientras le contaba algo a Arcelia, de repente ya estaba Alicia al teléfono y no terminaba la frase y ya era….
En fín, parte de la familia y lindos recuerdos!!!
no cabe duda q el texto narrado es impecable como q te caracteriza a ti ariel…tan lindo y bellos momentos donde se refleja los sentimientos de un nino..yo disfrute mucho al leerlo y saber un poco mas de ti ..no cabe duda q me quede pensando sobre estas mujeres tan abnegadas y buenas y q uds la consideraron como parte de la familia…q dicho sea de paso q es dificil encontrar en personas de hoy en dia..