Hace unos días, luego de la semifinal del Abierto de Tenis de Australia en la que Rafael Nadal derrotó a Roger Federer, un entrevistador le solicitó que de un consejo a Andy Murray en su partido contra el hoy, jugador al número uno del ranking mundial, Novak Djokovic. Nadal se limitó a decir que el escocés debía jugar agresivo para derrotar al serbio, y agregó: “Pero yo he perdido las últimas seis veces con él (Djokovic), no le puedo dar muchos consejos”.

Cuándo uno presencia los ataques que se han propinado los aspirantes a la candidatura presidencial del partido republicano en Estados Unidos, es notoria la arrogancia de la mayoría para ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio, y provoca obligarlos a tomar clases de humildad con Nadal. Hasta diciembre, el ex gobernador de Texas, Rick Perry, atacaba hipócrita e implacablemente al favorito Mitt Romney hasta el punto acusarlo de haber contratado a trabajadores ilegales en sus empresas cuando su estado es uno de los que más ha visto incrementar la presencia de inmigrantes indocumentados en Estados Unidos.

Romney y Perry. Ver link de youtube en:
ttp://www.youtube.com/watch?v=dkpamHZqJGk&feature=related
Ahora, con el apoyo de la facción más recalcitrante de los republicanos, el llamado Tea Party (Partido del Té), el ex presidente de la Cámara de Representantes entre 1995 a 1999 durante la presidencia de Bill Clinton, Newton Gingrich es quien arremete contra el ex gobernador de Massachusetts. (A Gingrich, afortunadamente, se le conoce como “Newt” ¿Será para evitar que su prosa alborotada y sus ideas añejas no evoquen al gran físico y filosofo racionalista y de avanzada, Sir Isaac?). El ex congresista acusó a Romney de no mostrar las verdaderas cifras de supuestas evasiones de impuestos y lo calificó de “anti inmigrante”. ¿No es que Romney daba trabajo a inmigrantes ilegales como decía Perry, quien luego de retirarse de la carrera electoral, apoya a Gingrich?

Gingrich y Romney
Romney, quien es miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, es decir, mormón, ciertamente está lejos de ser un santo, ni de sus primeros ni de últimos días, y pero recordó a los norteamericanos que Gingrich fue obligado a dejar su puesto como presidente del Congreso por problemas éticos, entre otros, haber promovido el impeachment contra Clinton por su affaire extramatrimonial con la pasante Mónica Lewinsky, mientras él mismo engañaba a su esposa con su actual mujer. ¿No es que un hombre público debe ser ejemplo de honor y moralidad? También, la campaña de Romney ha demostrado que Gingrich fue consultor de lobistas de la Corporación Federal de Prestamos e Hipotecas Freddie Mac, la de mayor responsabilidad en la crisis hipotecaria del país.
En política y religión son escasos los santos, en todos los tiempos y espacios, por eso es de tan mal gusto acusar a otro sin reconocer que uno comete pecados parecidos, sobre todo en una contienda electoral. Es aquí a donde vuelvo a la filosofía “Nadalista” evocada en Melbourne, en la ciudad del estado australiano de Victoria.
Luego de la victoria de Romney en Florida y a la espera de los próximos estados por votar – en primarias y luego en las elecciones presidenciales – el eco de las palabras del tenista sobre “quién es él para dar consejos a otros”, no resuenan en los oídos sordos de políticos dispuestos a jugar sucio para llegar al poder.
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