Este año el Comité Nobel de la Paz otorgó a tres mujeres que recibieron su distinción el pasado 10 de diciembre en Oslo, Noruega, por su contribución a los derechos humanos, en general, y a los al de las mujeres, en particular.
Se trata de la presidente de Liberia, Ellen Johnson Sirleaf y su compatriota Leymah Gbowee, fundadora, en 2005 del grupo Mujeres sin Cadenas y Tawakul Karman, quien encabeza la organización Mujeres Periodistas sin Cadenas en Yemen. Si de buscar precedentes para el caso de estas noveles Nobeles se trata, Sirleaf – economista con formación en la Universidad de Harvard – es la primera mujer elegida democráticamente para una presidencia en un país africano – en el 2005 y recientemente reelecta, mientras que Gbowee, junto a su presidente es la segunda (¿o tercera?) subsahariana en recibirlo, pues la keniana Wangahari Maathai lo recibió en el 2004 por una campaña de deforestación, y Karman es la primera mujer árabe en ser premiada con un Nobel.

Karman, Sirleaf y Gbowee
En el caso de Sirleaf, los liberianos están divididos en cuanto al merecimiento de un galardón puesto que su carrera política la obligó a enfrentarse con el cruel dictador Charles Taylor, acusado de crímenes de guerra y contra la humanidad como resultado de su intervención en guerras civiles en la vecina Sierra Leona, por lo cual, la actual presidenta de Liberia, según sus oponentes, hizo alianzas con simpatizantes de dictadores anteriores a Taylor, y algunos la acusan de corrupta. Sin embargo, es un hecho que luchó contra la sangrienta tiranía de Samuel Doe por la cual estuvo bajo arresto domiciliario, luego en prisión y finalmente en el exilio. Más tarde, trabajó como Directora de Desarrollo de la ONU del Programa de la Oficina Regional para África y fue determinante para pacificar a su país.
Leymah Gbowee ha luchado con otro problema crónico de su país: el de los odios étnicos y religiosos y para esto ha organizado un grupo de mujeres cristianas y musulmanas que desafíe a líderes militares liberianos y lideró el movimiento para que la mujeres liberianas obtengan el derecho al voto.
Del complicado Yemen, país dividido entre territorios controlados por un gobierno dictatorial y otros por grupos islamistas radicales como Al Qaeda o los Houthis chiítas, la activista política del partido islámico Al-Isla, Tawakul Karman, lleva 6 años luchando contra la dictadura del régimen de Saleh y en la revuelta de este año organizó asamblea de estudiantes para exigir su renuncia por lo cual fue arrestada y liberada bajo palabra en un par de ocasiones. La han llamado “Madre de la Revolución” y “Mujer de Hierro”, hasta el punto que en su discurso del Nobel no desperdició la oportunidad para criticar a Occidente por su falta de voluntad para ayudar a su pueblo a derrocar al tirano.
Las tres merecen el Nobel y esperemos que si en Yemen, el Islam tiene poder, sea moderado como ahora, desde la resistencia, plantea Tawakul Karman.
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