Fue tragedia, y por eso noticia, la muerte de un joven partidario de un equipo de la liga peruana que durante un “clásico” limeño, fue atacado y luego, desde un palco, arrojado al vacío, por unos depravados fanáticos del equipo contrario. Este tipo de fenómenos, ocurre en algunas sociedades más que en otras, pero es de carácter mundial, histórico y por lo tanto, intrínseco a una inclinación que pueden tener varios seres humanos hacia la violencia por identidad – en este caso con un equipo deportivo – así como ocurre, en otros casos entre tribus, grupos étnicos, clases sociales y países.
El filosofo venezolano Juan Nuño (1927-1995) trata el tema en su ensayo “Teoría de los juegos” (http://letraslibres.com/revista/convivio/teoria-de-los-juegos), y advierte como suele ocurrir en espectáculos deportivos que muchas personas se transformen en hombres-masa, “fanáticos”, al asistir a espectáculos deportivos “Ese participante tan activo y tan mal o nada pagado, que es el espectador (por algo llamado, sin pudor alguno, «fanático» o «enfebrecido», que es lo que resulta ser un tifoso)” – reflexiona Nuño – “sufre una transmutación de su personalidad tan pronto ingresa al lugar sagrado en que tendrá efecto la ceremonia de la contienda religiosa. Abandona al punto su individualidad para serializarse, para integrarse al grupo con el que termina de fusionarse. Se despoja entonces de su alma individual para asumir por cierto tiempo una suerte de aristotélica alma colectiva del grupo al que pertenece o con el que participa en el juego. Además, pierde su particular identidad (abogado, obrero, casado, etc.) para adquirir la identidad común del fanático, esto es, el miembro oficiante de una ceremonia especial que, en el mejor de los casos, obra la forma de una fiesta o carnaval y, en el peor, de una liquidación de cuentas con miembros de la tribu enemiga, a los que se enfrenta in situ. Alguien recordará que eso es lo que hacían los romanos en el circo”.
Una de las peores guerras que han ocurrido en las gradas de las canchas de futbol degradando al espectáculo fue la tragedia de Heysel, en Bruselas, durante un partido de la final de la Copa Europea de selecciones de futbol entre Juventus y Liverpool, en 1985, en el cual murieron 39 personas y 600 quedaron heridas. Este fue el precedente de muchas medidas de seguridad que hoy se toman en los estadios de futbol como las videocámaras de seguridad, prohibición de bebidas alcohólicas, etc.

La oculta presencia de la muerte, cada cierto tiempo, se vuelve manifiesta cuando algunos asistentes a los estadios no son solo espectadores, sino también, perversos.
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