El 29 de noviembre de 1947 la ONU aprobó una resolución para dividir una parte de le ex provincia de Palestina (nombre que le puso el emperador romano Adriano, en el siglo II), en un estado judío y uno árabe, con excepción de Jerusalén y sus alrededores que estaría bajo supervisión internacional. Desde entonces, ese territorio fue dominado por varios imperios cristianos y musulmanes – siendo el último el turco otomano- y por último, por el británico. De acuerdo a esa disposición el área que incluye a Jerusalén y Belén estaría bajo control internacional.
La Palestina original incluía también al actual reino de Jordania, pero fue divida por Gran Bretaña en 1922 para cedérsela a la dinastía hachemita de la cual proviene el actual Rey Abdala, por lo cual, la disputa entre judíos y árabes a partir de esa fecha, se da en el minúsculo territorio entre el Mediterráneo y el Río Jordán.

Palestina ya divida de Jordania y partición de la ONU
La mayoría de la población judía aceptó la resolución de la ONU, si bien con reservas y tristeza puesto que no incluía a lugares bíblicos ansiados por el pueblo judío, especialmente Jerusalén, y no había continuidad territorial para el futuro estado, y sin embargo, el liderazgo del movimiento nacional judío – el sionismo – con pragmatismo, exhortó a los países de la ONU a aprobarla mientras que los líderes de naciones árabes la rechazaron por razones demográficas (eran mayoría), y algunos, con argumentos nacionalistas y religiosos (los judíos no debían tener soberanía en un Medio Oriente plenamente árabe).
Los israelíes consideran que los árabes perdieron, en ese entonces, la primera de muchas oportunidades para tener un estado propio. Se endilga al ex canciller israelí Abba Ebban, la frase: “Los árabes no pierden una oportunidad para perder una oportunidad”. En esta oportunidad, ese principio se puede aplicar al gobierno de Netanyahu, que no ha hecho nada, desde que llegó al poder, para aprovechar la presencia de líderes moderados en Cisjordania como Abbas y Fayyad – presidente y premier de la Autoridad Palestina, respectivamente – para negociar un acuerdo que encamine hacia la paz a los moderados contra los fanáticos de ambos lados, en especial, a los islamistas de Hamas en la Franja de Gaza.

Abbas - Netanyahu
Hace unos días, el columnista de Haaretz, Yoel Marcus, advirtió, ante la reciente emergencia de un movimiento de indignados que exige al gobierno israelí cambios sociales importantes, y ante la inestabilidad que generan las guerras civiles y protestas en países árabes vecinos, que “lenta, pero de manera segura, hay una creciente sensación de terror que retorna, acompañada por exigencias alrededor del mundo de que no hemos aprovechado el tiempo para lograr un acuerdo con los palestinos. Una combinación de terror y presión diplomática internacional es el último escenario de horror que necesitamos para nuestros actuales problemas”.

El Profeta Joel por el pintor del siglo 19, Tissot
Deja un comentario