¡Es oficial! Sudán se ha separado en dos países materializando el resultado del referéndum del pasado enero en el cual, la mayoría negra cristiana y animista (religión autóctona africana) del sur, decidió separarse de la parte norte árabe musulmana.
El régimen del dictador islamista de Omar Al Bashir – en el poder desde 1989 – se aprovecho del surgimiento de guerrillas sediciosas en el sur para ejecutar una política de limpieza étnica buscando que Sudán, eventualmente, se convirtiera en un país totalmente musulmán, pero las masacres perpetradas en Darfur a manos de milicias islamistas (los janjaweed) llegaron a tal extremo, que Europa y Estados Unidos no pudieron seguir ignorando el, hasta ahora, único genocidio (aniquilación por el simple hecho de haber nacido en una comunidad étnica o religiosa), del siglo 21.

¿Por qué el cruel dictador sudanés, que aun otorga refugio a Al Qaeda, ahora acepta la partición de su propio país? Obviamente no se trata de una “revelación” que lo condujo a la redención, sino de pragmatismo duro y puro: Al Bashir intenta que con su decisión, los gobiernos occidentales retiren a Sudán de la lista de países que patrocinan el terrorismo para sacar al país de una de sus peores crisis económicas. Esto parece un trato cerrado luego de que en enero el senador John Kerry viajo a Jartum a negociar un acuerdo de este tipo. Por otro lado, si bien la orden de captura emitida por el Tribunal Internacional de la Haya en 2009 para juzgarlo por crímenes de lesa humanidad y genocidio no se puede anular, el tirano sudanés comprende que ante los retos de una separación ejecutada con orden, los gobernantes del mundo dejarán de hablar sobre el asunto pues se le necesita más en su país que en Holanda.
Pero hay más razones para la que Al Bashir aceptara la división de Sudan: según sus cálculos, la futura Sudán del Sur será soberana más en nombre que en la práctica, pues si bien las grandes riquezas petroleras del país están en la parte que él ya no gobernará, los oleoductos para conducir el crudo van hacia el norte y desde sus puertos en el Mar Rojo se trasladan a otras partes del mundo. China fue hasta ahora la gran potencia que impedía sanciones contra Sudán puesto que importaba casi todo su petróleo, pero en 2010 ha diversificado sus fuentes de este producto adquiriéndolo en yacimientos de la vecina Congo y en Uganda, por lo cual, ahora la división de Sudán no les afecta mayormente, como sí beneficia a los estadounidenses.

Omar al Bashir y sus seguidores
¿Todos salen ganando? Aun no es seguro puesto que con la total dependencia del sur con respecto al norte de Sudán, habrá que ver si Al Bashir detendrá su intento de seguir decimando a la población minoritaria no musulmana, ya no por las armas, pero controlando con el grifo de los oleoductos, sus posibilidades de vivir sin hambrunas y enfermedades.
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